Género y conflicto armado interno en el Perú

De esta manera, Nemesia desmiente parte de la historia oficial: el que los muertos del conflicto fueran responsabilidad exclusiva de Sendero Luminoso. Ella quiere que esta nueva versión de la historia sea escuchada por toda la sociedad. De esta manera, desmiente las acusaciones de que todos ellos eran terroristas y por eso pide que esta verdad sea difundida en toda la sociedad. Del grupo de las jóvenes, Celestina Flores narra los detalles de las «retiradas» en Oreja de Perro: cómo todo el pueblo fue obligado por Sendero Luminoso a abandonar sus casas y huir al monte, dejándolo todo. Señala que nadie podía negarse a hacerlo y desmiente, de esta manera, la sindicación de que todos eran senderistas. Describe la incertidumbre: «no sabíamos que hacer». Estaban sometidos a Sendero Luminoso: no podían desobedecerlos porque eran ejecutados si lo hacían. Por otro lado, el Estado, que debía protegerlos, también los mataba por considerarlos que todos ellos eran senderistas, sin entender que estaban siendo obligados. Cuenta cómo todo el pueblo desapareció. Era el caos, dice: «Caminábamos por todas partes». Y, como expresión de desolación, añade: «Solo mirábamos». Tanto Sendero Luminoso como los sinchis tenían sus vidas en sus manos y ellos no podían hacer nada, solo miraban. Lo perdieron todo: los sacaron de sus casas, les quemaron todas sus pertenencias, se comían sus animales. El testimonio de Silvia Flores es mucho más escueto. No narra el contexto de la violencia en Chungui, tenía tan solo nueve años cuando se la llevaron de su comunidad. Más bien, inicia su relato dando la edad que tenía en aquel entonces, con lo que resalta la gravedad de lo que le sucedió. Su testimonio está centrado en lo sufrido por ella: el 62% de su narración lo dedicó a describir las condiciones de su encierro en Lima: «[...] mi hermana se vino a Ayacucho, la llevaron en helicóptero, y me dejó en Chapi. Entonces en Chapi me quisieron violar. Yo tenía nueve años. Entonces me defendí con un palo con espinas. Entonces por haberme defendido me llevaron a la base de Ayacucho». La joven Silvia interpreta que la llevaron a Ayacucho porque se defendió del intento de violación. Según ella, fue el castigo que recibió por esa acción. Nadie le dio una explicación de por qué se la llevaron al cuartel en Huamanga. Según los testimonios recibidos por la CVR, muchas niñas pasaron por la misma situación que vivió Silvia. Ella narra los horrores de su encierro: una acción que se desarrolló en privado, al interior de la casa de la mamá del militar, donde permaneció prisionera hasta que fue 69

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