cuáles son sus exigencias de justicia. Esta nueva lectura de los testimonios nos da pistas para impulsar un diálogo más democrático en nuestro país. 1. LAS MUJERES EN EL CONFLICTO ARMADO INTERNO En el conflicto armado interno se desató una violencia que reiteró prácticas autoritarias y revivió relaciones coloniales aún no superadas en nuestro país. No existen cifras exactas de personas forzadas a desplazarse, aunque algunos datos estiman medio millón de personas (Ministerio de la Mujer, 2001). Las mujeres, de manera particular las familiares de los desaparecidos, se organizaron y crearon instituciones con el propósito de exigir la verdad y demandar justicia al Estado. Acerca de las características de la narrativa femenina en períodos de conflicto armado no hay mucho desarrollo. Jelin (2001) afirma que sí se pueden encontrar particularidades en la memoria y estilo narrativo de las mujeres que cuentan el conflicto. En primer lugar, está su ubicación en los conflictos, pues, como en el caso peruano, la mayoría de las mujeres fueron víctimas indirectas, es decir, víctimas que ejercían un rol de género dentro del sistema —ser madres o familiares de las víctimas directas—, y enuncian sus narraciones desde estos roles. Una segunda particularidad es que las mujeres tuvieron que reemplazar los roles de sus esposos o sus padres —pues tuvieron que sostener y sacar adelante a sus familias—, aunque estas nuevas responsabilidades no las alejaron de los roles principales de género desde los cuales elaboran su memoria. Esta perspectiva diferente de revisar y reinterpretar el pasado tiene un fuerte efecto en la historia oficial del conflicto en nuestro país, elaborada de forma épica y escrita por varones. Se trata de otros registros de la tragedia, pues los testimonios de las mujeres no presentaron una narración épica de la guerra. Como dice Henríquez (2006), ellas presentaron «los ciclos de nuestras vidas cotidianas», la forma en que sus vidas fueron interrumpidas y la resistencia que ofrecieron. La autora propone que se deben crear nuevos mecanismos después de la CVR para seguir recolectando esas historias secretas y para que se pueda seguir trabajando con ellas. En síntesis, desde el rol de género impuesto por la sociedad, las mujeres establecen un nuevo marco interpretativo de la historia del conflicto e introducen nuevos elementos de la vida cotidiana y de la manera en que esta fue afectada tanto en el ámbito de sus familias como en el de sus comunidades. 56
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