Género y conflicto armado interno en el Perú

(1993) recoge en sus páginas el tesón y las convicciones de Maria Elena Moyano, una mujer afroperuana, feminista y de izquierda cuya vida fue fogueada en la lucha urbana. Moyano fue una dirigente popular y la primera regidora en un distrito popular, donde fue asesinada por Sendero Luminoso. La memoria colectiva la evoca como «madre coraje», denominación inscrita en el monumento construido en su honor en su distrito, Villa El Salvador. Luego de estos hechos, la dirigencia del vaso de leche y comedores sesionaba en reuniones cerradas, pero a la larga se repliegan y luego, bajo la influencia del gobierno fujimorista, se dividirán. En esos años también se publicaron obras que se convirtieron en foros académicos que indagaban sobre los factores y las dinámicas de la violencia. Es el caso de los estudios sobre la violencia estructural en el Perú (Mac Gregor, Rubio & Vega, 1990) y de un texto de obligada referencia de Steve Stern, inicialmente publicado en inglés en 199819. El libro de Stern aborda diversos ángulos de la guerra en Ayacucho y en el centro, mostrando las ambigüedades y contradicciones de los relatos. Stern trata de señalar las implicancias de la guerra que impulsó Sendero, el fracaso en la conquista senderista de los Andes, centro y sur del país y la aparente destrucción de la «tercera vía» en Lima y en la sierra. El volumen reúne un conjunto de estudios sobre la época que analizan lo ocurrido desde diversos aspectos, entre ellos la experiencia de las mujeres en la guerra y su afirmación como sujetos de ciudadanía, así como los «legados» de la guerra en la política y en la cultura20. Asimismo, muestra que para muchos peruanos de esa época la guerra fue una suerte de doble vida, en medio de tensiones y conflictos internos. Ello es evidente en la dinámica de las comunidades en ese período, circunstancias en que pueden pasar de la tolerancia a la resistencia en medio de la presión y coerción de Sendero (Stern, 1999, pp. 471-472). Los estudios de memoria vinculados a la violencia política existen a lo largo del período del conflicto armado, pero, como señala Salazar (2015, p. 139), se constituyen en un campo de estudio a partir de dos factores claves: el contexto internacional vinculado a un momento de estudios posconflicto y transiciones democráticas en el mundo, y el trabajo de intelectuales «ético-políticos» dedicados a estudiar la violencia política, que publican y promueven la formación de investigadores en el tema de la memoria. Salazar identifica un texto de Jo Marie Burt (1998) y otro de Carlos Iván Degregori (1999) como los primeros que se refieren de modo 17

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