Cuando la información es escasa y restringida, los testimonios constituyen una fuente clave, como lo han sido para la CVR y siguen siéndolo en múltiples investigaciones en curso. La CVR proporcionó un marco institucional en el que fue posible brindar testimonio sobre lo vivido en ese período, y tales testimonios fueron la fuente primordial del informe final. Esta vasta e invalorable documentación, que sigue disponible en los archivos de la Defensoría del Pueblo y en el Centro de Documentación del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM)13, incluye dichos testimonios, materiales audiovisuales, etcétera, que también deberán ser protegidos de los avatares de la historia y, como en otros casos, ser declarados patrimonio de la humanidad. Luego de más de veinticinco años del encarcelamiento de Abimael Guzmán y más de quince de la caída de Fujimori, la tarea de comprender lo ocurrido y sus repercusiones sigue viva, como suele ocurrir con los hitos que marcan nuestra historia, como la reforma agraria de Juan Velasco o los escritos de José Carlos Mariátegui y de José María Arguedas. Un país cuyas heridas aún no han cerrado está obligado a autoexaminarse sin complacencias, tomando en cuenta los nuevos marcos de interpretación de la acción individual y colectiva, y las continuidades y discontinuidades con respecto a las tradiciones autoritarias. En este proceso, encontramos investigaciones académicas que aportan nuevas miradas y también testimonios de parte que interpelan nuestras conciencias e imágenes perturbadoras que nos permiten cuestionar y cuestionarnos. Estamos en un nuevo momento respecto de la cultura política y de la producción de conocimiento; ante nuevas generaciones de académicos y de ciudadanos y ciudadanas que por un lado pueden revisar críticamente las narrativas del período de violencia política, pero a la vez son capaces de movilizar la indignación ante la impunidad14, en tanto que otros sectores querrán olvidar y voltear la página. También nos encontramos en un nuevo momento en la disputa por la memoria y la agenda de derechos humanos y representaciones de género, lo que se ha puesto en evidencia en medio del proceso político15 y la polarización que suscitan las elecciones presidenciales, así como en las movilizaciones de sectores conservadores tanto de la Iglesia católica como de las evangélicas. El reciente indulto y la gracia otorgados al ex presidente Fujimori marcan un hito crucial en esta polarización —con serias repercusiones para los juicios en marcha— y han suscitado demandas frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por parte de las víctimas de la violencia política16. 15
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