92 No obstante, en otros planos, en relación con las dimensiones raciales y étnicas durante el desarrollo del conflicto armado interno en el Perú, Milton señala que el aspecto racial de la guerra se evidenció, por ejemplo, «en la violencia ejercida contra las mujeres, que eran casi exclusivamente campesinas de habla quechua, y las víctimas no hispanoparlantes en general que representaban las tres cuartas partes de los muertos y desaparecidos» (2014, p. 58) y, en cuanto a las diferencias de género en las experiencias del conflicto armado, la autora indica: «los hombres y las mujeres se vieron afectados de manera diferente por la guerra interna … las mujeres fueron sometidas a violaciones y obligaciones domésticas forzadas (como cocinar y atender a los miembros heridos de la oposición armada y a los militares)» (p. 57). 93 La cárcel ha sido para el PCP-SL un lugar de lucha y adoctrinamiento político y militar. Sobre el tema, Rénique señala: «Transformar las «mazmorras de la reacción» en «luminosas trincheras de combate» debía ser el objetivo. Poniendo en juego su férrea voluntad de lucha, los «prisioneros de guerra» senderistas revertirían la situación de separación de la sociedad [...] la prisión garantizaba, para desafiar —desde su mismo patio interior— el poder constituido: una incomparable oportunidad para demostrar su ruina moral y su inviabilidad» (2003, p. 15). 94 Para el PCP-SL, el «mar armado de masas» lo integran campesinos pobres, obreros y estudiantes, y trabajadores de las masas populares, es decir, el pueblo en general. Sobre las relaciones entre el partido y la masa, Víctor Vich ha señalado la relación «profundamente jerárquica y violenta que se establece entre el «partido» (en masculino) y las «masas» (en femenino y plural)» (2002, p. 27). 95 Dada la situación de precariedad y hacinamiento de las cárceles en el Perú, la disciplina que imponía el PCP-SL no solo los diferenciaba de manera evidente de las relaciones construidas anteriormente en la cárcel, sino que sostenía a sus militantes en la convicción de ser parte de un colectivo con línea ideológica-política «justa y correcta» y, por tanto, con posibilidad de triunfo, esto es, de «conquistar el poder en todo el país». En una visita de Gustavo Gorriti al Pabellón Azul, de la cárcel El Frontón, la describió de esta manera: «Lo primero que llamaba la atención dentro del pabellón eran la disciplina y el orden internos. Pese a la superpoblación, los pabellones estaban limpios (decoradas las paredes con la iconografía senderista) y los baños también» (1991, p. 371). 96 En la iconografía rusa el sol representa el día nuevo, el mañana utópico. 97 Según la CVR, luego de su incursión en las comunidades «el PCP-SL se propagó a través de las escuelas populares [...] a las cuales asistía un grupo escogido de jóvenes de distintas localidades para ser adoctrinados, pero sobre todo para formar parte del Ejército Guerrillero Popular (EGP) y recibir entrenamiento militar» (CVR, 2003, V, p. 21). 98 La muerte es asimilada por el grupo («llevar la vida en la punta de los dedos», «vivir con reto a la muerte») y reescrita a partir de una mística que ellos denominaron «la cuota», es decir, la entrega de la vida cuando el partido y la revolución lo demandaran. En un testimonio sobre la muerte recogido por Gorriti en una cárcel de Lima, el entrevistado se expresa así: «No hay ataduras y se forja un reto a la muerte, en arrancar lauros a la muerte, la G[uerra] es nuestra vida cotidiana, estar dispuestos a la muerte, no hay lamentaciones» (Gorriti, 1991, p. 169). 146
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