Género y conflicto armado interno en el Perú

materias primas, y aunque hay mayor conectividad tecnológica, se reproducen las jerarquías y la racialización del otro entre propios y ajenos, pero sobre todo se reproducen silencios institucionales, intolerancia e impunidad. Hemos pasado del conflicto al «posconflicto» sin que gobierno alguno haya priorizado la reconstrucción de las zonas afectadas, lo que produciría cierto alivio a los pobladores que allí sobreviven. Igualmente, los grupos subversivos no han depuesto las armas oficialmente, ni se ha desterrado el estigma y el prejuicio que alimentan, aún ahora, cualquier debate político sobre dicho período. Como toda catástrofe, las guerras dejan luces y sombras, y no solo alteran las reglas de convivencia (Stern, 1999) sino que penetran los mundos subjetivos (Jelin, 2011). El mundo interno y los procesos sociales son dos dimensiones que se conectan, pero cuando las instituciones son parte de circuitos perversos, con gobiernos que alteran las reglas básicas de la vida ciudadana a través de métodos como la tortura o el fraude, las familias y las personas requieren resistencias especiales para enfrentarlas. Esto es aún más fuerte en tiempos en los que el desarrollo de la tecnología y los medios masivos de comunicación penetran en la dinámica de las familias y en el desarrollo psíquico individual de manera cotidiana. Riquelme (1990) ha señalado que el reto para el psicoanálisis está en comprender la dinámica relación entre el mundo interno y el contexto social. Aunque no podremos desarrollar esta perspectiva, es necesario tener presente que en condiciones de violencia los seres humanos somos vulnerables8. En períodos de represión, guerras internas y terrorismo de Estado, los actores de las guerras, así como los de las dictaduras, tratan de no dejar huellas tangibles del dolor y sufrimiento que ocasionaron. Las narrativas épicas omiten los sufrimientos en la vida cotidiana, del mismo modo que las voces con poder en tiempos de paz omiten aquellas de los marginados. A la vez, las demandas de justicia y reparación y los reclamos contra la impunidad no prescriben. Los trabajos de memoria individual y colectiva se activan cuando la historia o la propia vida lo reclama9. En estos contextos y en medio de dificultades, se logra significativa documentación vinculada a las denuncias de violaciones de derechos humanos y a testimonios de quienes resisten y sobreviven, así como algunos trabajos de análisis político que abren brecha y constituyen líneas de trabajo que persisten a lo largo del tiempo. 13

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