Género y conflicto armado interno en el Perú

noción de falta de cuidado y atención de sus padres en sus primeros años de vida será recurrente en las narraciones de Elena; este hecho, como veremos después, también marcará situaciones de violencia dentro de su familia. Elena migró a Ica a trabajar para cuidar niños. Fue en ese contexto que inició sus estudios primarios, los que tuvo que interrumpir porque en la escuela le exigían su partida de nacimiento y ella, por encontrarse lejos de sus padres y de su lugar de nacimiento, no pudo acceder a esta documentación. A los once años, cuando regresó a su comunidad de Espite, comenzó nuevamente sus estudios, los que avanzó hasta tercero de primaria. Elena, a diferencia de las otras presidentas de ANFASEP, no cuenta muchos detalles sobre su etapa escolar: por el contrario, recuerda que muchas veces debía faltar a la escuela para pastear los animales en las estancias y así ayudar en la economía familiar. Justamente por eso, sus memorias de esta etapa de su vida se centran en recuerdos vinculados con sus animales y el campo. Elena explica que dejó de estudiar cuando estaba en tercer año de primaria, «por eso ya no terminé mis estudios, dejé de estudiar porque me tocó el matrimonio». Elena se casó con Claudio Choque Marcelino cuando ella tenía dieciséis años. Su esposo nació en Espite el 6 de mayo de 1954, estudió hasta tercero de primaria y se dedicaba al comercio. De la vida con su esposo, Elena recuerda «hemos empezado a trabajar el 78 o 79, ya para el 83 teníamos una tiendita llenecita de comercio». Como hemos visto hasta ahora, las presidentas de ANFASEP han sido madres antes de los dieciocho años y podemos observar que esto era común en las zonas rurales antes del conflicto armado interno. Además, todas dieron a luz en sus casas, con la ayuda de una partera, sus padres o esposos. Elena comenta que «antes no había posta de salud y si había nadie iba a atenderse». Me dice que se escaparía si hubiese dado a luz echada en un puesto de salud, «Yo me vuelvo loca seguro». Según su percepción, el parto es más doloroso cuando la mujer está echada en una cama, a diferencia del parto vertical. Los cuatro hijos de Elena nacieron en Espite, los primeros tres nacieron con el apoyo de su esposo, sus padres la apoyaron en el nacimiento de su última hija. Su esposo ya no pudo hacerlo, porque meses antes fue asesinado. Dice: «Yo estaba embarazada de una niña de seis meses, cuando mi esposo me dejó». Elena vivió con él hasta 1983, quedo viuda a los 25 años. Elena también reportó a la CVR67 la desaparición de su hermano, padre y madre y su propia detención en la 101

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