Flora Tristán, precursora
abusos de otros m-alvivientes. Las muchachas se asoman, bro- . mean, y se exhiben .. casi desnudas ~ desnudas. Los espectáculos que ella pudo presenciar en los grandes "salones privados" de la .alta clase social, le produjeron ho– rror y vergüenza. Ella tuvo el coraje de asistir a la degrada– ción física y moral de los hombres y de las mujeres en su más bajo nivel. Era su experiencia para enfrentarla a la conciencia de los desaprensivos ingleses y por ello escribió su famoso li– bro '' Paseos por Londres" que produjo s-ensación y 1Úeg 0 el extracto del ., mismo que tituló "La Ciudad Monstruo". Sólo quien haya leído estos libros puede equiparar el grado de dege– neración de la. socieda<;l inglesa en la época del auge del indus– trialismo, cuando invertía sus cuantiosas fortunas en la depra– vación y la maldad, destruyendo la dignidad y la vida de las miserables ·mujeres que ejer,cian el oficio. Flora describe el infame comercio de esclavas blancas. La forma en que son engañadas para enrolarlas en la mafia, me– diante contratos de trabajo y una vez seducidas, lanzarlas a la prostitución y a la muerte a corto plazo. Pero el aspecto más doloroso de la prostitución era, para Flora, el qu·e se practicaba con la juventud tanto mujeres co– mo hombres. Si a las muchachas se les secuestriaba de los' 1O a los · 15 .años. a los jovencitos se les escogía entre la adoles– cencia, induciéndolos al vicio y pagándoseles a temprana .edad, sin que hubiese castigo para los ·culpables, aunque estas prác– ticas estuviesen penadas. Y todo. ésto no obstante la _existencia de instituciones previsoras y de·fensoras de la virt~.d que de– nunciaban el vi-cio. Pero las san·ciones siempre resultaban mí– nimas en relación. con la culpa._ _ Flora dice: "La depravación está de tal modo extendida y el precio que se obtiene por las muchachas -engañadas es tan elevado que no hay astucia a la cua1 no se recurra para procu-, rársela". Esta es, posiblemente, una de las más dolorosas experien– cias de sus visitas a Londres, donde aprendió a conocer hasta que punto llega la injusticia social y la explotación de la mujer, en el aspecto de · la corrupción y el vicio. Conoció, asimismo, a "los· 20 millones- de pro1etarios ingle.: ses", cuya situación era muchas v-eces peor que la ce los fran– ceses, con salarios. inferiores y sujetos a verdadera esclavitud 88 , \
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