Flora Tristán, precursora

dlades, sin sentir el desprecio por su organización y odio por sus d9minadores que, extraños .a todo pudor, a todo respeto por la humanidad, a todo amor por sus semejantes, reducen la criatu~a de Dios al último grado de abyección. ¡La rebajan por debajo de lo brutal!,,. "Comprendo al salteador de caminos que saquea a los que pasan por los grandes caminos y entregan su cabeza a la gui– llotina. Comprendo al -soldado que juega constantemente su vida y no recibe nada a cambio, sino unos pocos centavos por día. Comprendo- al marinero· que expone la suya al furor de los mares. Los que encuentran en su oficio una poesía sombría y terrible. Pero no podría comprender a la mujer pública ab– dicando de ella misma, aniquilando su voluntad, sus sensa– ciones, entregando su cuerpo a la brutalidad y al sufrimiento y su alma al desprecio... Veo en la prostitución una locura horrenda. Arrostrar la muerte no es nada; ¡pero qué muerte afronta la mujer pública! La prostitución es la más horrorosa de las plagas que produce la desigual repartición de los bie·nes de este mundo. (El subrayado es nuestro). Esta infamia marchi-· ta la especie humana y atenta contra la organización social más que el crimen. Si, si no se hubiese impuesto a la mujer la castidad por virtud, sin que el hombre estuviese obligado, ella no sería rechazada de la sociedad por haber accedido a los sentimientos de su corazón_y la mujer seducida po estaría re- ducida a prostituirse" · "La virtud o el vicio suponen la libertad -de hacer el bien o el mal; pero cuál puede ser la moral de la mujer que no perte– nece a si mis:rv.a que no tiene nada propio y que toda su vida ha sido preparada a sustraerse a lo arbitrario por astucia y a la coac– ción por la seducción. Y cuando es torturada por la miseria, cuando ve el goce de los bienes alrededor de los hombres, el ar– te de gustar, en el cual ha sido educada ¿no la conduc·e inevi– tablemente a la prostitución?''. Flora describe los barrios donde afluyen las mujeres de mal vivir en busca de clientes. Son tan numerosas y tan des– cocadas, que no. es difícil descubrivlas. Ella fue como observadora, acompañada de dos amigos ar– mados de bastones a visitar el barrio que está casi totalmente poblado de mujeres de mal vivir y de agentes de la prostitu– ción. En este barrio no se puede incursionar de noche sin pe– ligro. Todas las muchachas ·tienen sus "mantenidos", los mu– chachos fornidos que ellas pagan para que las defiendan de los 87

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