Flora Tristán, precursora
contrar en una iletrada. Flora escribió sus "1- i .. eos por Londres" en 1840 que fue, asimismo, un libro de tal resonancia pues debió ser reeditado de inmediato hasta· por dos veces más, por el impacto que produ– jo entre los lectores interesados en el tema que reflejaba, se– gún los críticos, un espejo terrible de la situación y la mise– ria de la clase trabajadora, explotada brutalmente por los due– ños de las fábricas. La urbe del hierro y del carbón, había ins– talado las máquinas de tejidos que reducían el trabajo del obre– ro, . hombres y mujeres, lanzándolos a una mayor miseria. En este libro F·lora descubre el estado de degradación a que ha llegado la mujer, con el incremento de la prostitución, debi– do al hambre que la empuja y a la mendicidad que se escond'e en los tugurios donde vive el pueblo. Sus éxitos literarios no lo son sólo por la novedad del tema, sino por la denuncia que ellos contienen y que la Paria exhibe en toda su desnudez. • Más adeiante, Flora editará una edición popular extractada de sus "Paseos por Londres", con el título de "La Ciudad Mons– truo" que tiene, igualmente, gran éxito de librería. Porque Flora en sus viajes a Londres, no ha ido sólo por– que le agrade y. le atraiga el país, sino muy especialmente, por ahondar en la situación de la clase trabajadora, habiéndolo he– cho de modo tal que ningún utopista de la época jamás lo hi– ciera. Profundizando en su pensamiento descubre que la mujer constituye el ejército de reserva en la industria, por los meno· res salarios que percibe cuando trabaja desplazando al hombre. Firme en su defensa de la mujer ·como la clase m·ás explo- , tada aún que el hombre, insiste en demostrar a los trabajadores "que la emancipación de los obreros es imposible en tanto las mujeres permanezcan en este estado de embrutecimiento. Ellas detienen todo progreso". Flora reconoce la mentalidad conserva– dora de la mujer para comprender las 1 uchas de los obreros y les advierte que los explotadores de la clase obrera .son los mis– mos opresores de la muj·er, a los que consideran inferiores a ellos, a los empresarios, hasta que los oprimidos, de tanto escu– charlo, lo han llegado a creer como verdadero sin hacerles ma– yores resistencias. 61
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