Flora Tristán, precursora
previarnente no se le reconoce el derecho a vivir y para el obre– ro el derecho a vivir, es el derecho al trabajo, lo único que pue– de darle la posibilidad de ~omer y en consecuencia, la posibi– lidad de seguir viviendo. "El primer derecho que posee un ser· al nacer es justamen– te el que se ha olvidado en la Carta. Es, pues, el primer derecho que el obrero debe reclamar. "La clase obrera no debe ocuparse más que d~ una sola re– clamación, porque se fundamenta en la más estricta equidad, si no se quiere faltar a derechos de la persona. Pues bien, ¿que tiene que reclamar? EL DERECHO AL TRABAJO "La única propiedad del obrero son sus brazos. ¡Sí, sus bra– zos! ¡Esta es su única riqueza, su patrimonio. Sus brazos son los únicos instrumentos de· trabajo que posee. Su prop-iedad y a esta propiedad no se le puede poner en duda su legitimidad, porque si la tierra produce es gracias al trabajo de los brazos. "Negar la propiedad de los brazos sería no querer compren– der el espíritu del Art. 8Q de la Carta. Sin embargo, no se pone en duda la propiedad de los brazos. Ma,s, para que la clase obre– ra pueda gozar con seguridad y con garantías de su propiedad, (como di'ce el Art. 8Q) se tiene que reconocer en principio -y también en la realidad- el libre disfrute, la garantía de su pro– piedad. Ahora bien, el ejercicio de este disfrute de propiedad. consistiría para la clase obrera, en poder utilizar sus brazos cuando y como gustase y para ello debe tener derecho al traba– jo. En cuanto a la garantía de .su propiedad constste en una sa– bia y equitativa ORGANIZACION DE-L TRABAJO. "Así pues, la clase obrera tiene dos importantes reivindica– ciones que hacer: 1 Q EL DERECHO AL TRABAJO; 2 9 LA OR- . GANIZACION DEL TRABAJO''. Flora insiste en sus planteamientos, a manera de incrustar en el cerebro, en la sensibilidad y en la angustia de la clase obre– ra los postulados que ella formulab poniendo en primer lugar la UNION DE OBREROS Y OBRERAS, bajo cuya fórmula y sólo así, será posible realizar el edificio social que convertirá a la cla– se obrera en dueña de su destino cambiando totalmente su con– dición actual de inseguridad y miseria, que no olvidaron las con– quistas de las Cartas de 1789 y 1830. 120
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