Flora Tristán, precursora
.FLORA ANALIZA LAS SOCIEDADES DE LOS TRABAJADORES, EL COMPA~ERISMO, LAS DE SOCORROS MUTUOS... "La lectura del libro del Compañerismo del señor Agrico]– Perdiguier (obrero carpintero) , el folletito del señor Pierre Mo.. reau (obrero e-errajero) y el "Proyecto de regeneración del Compañerismo' ' del señor Gosset, padre de los obreros, impre– sionó mi espíritu, iluminado por la gran idea de la UNION UNI– VERSAL DE LOS O·BREROS Y LAS OBRERAS. "En las tres obritas tan notables que acabo de citar, se plan– tea la cuestión de los obreros enfocada por obreros, hombres in– teligentes y conscientes, que conocen perfectamente el tema del que hablan. Se trata de tres obras pensadas y escritas de bue– na fe: en cada página se descubre un ardiente y sincero amor por la humanidad, cualidades preciosas que no siempre se en– cuentran en las sabias opras escritas por nuestros célebres eco– nomistas. "Después de habernos mostrado el compañerismo tal como es hoy, los tres obreros escritores, cada uno según su carácter y su perspectiva, proponen reformas importantes a las diferen– tes asociaciones del compañerismo (sobre todo el señor Moreau). Sin duda alguna, estas reformas podrían mejorar las costum– bres de los obreros; pero debo decir que lo que me ha llamado ·atención ha sido ver que entre las· m.ejores propuestas por los señores Perdiguier, Moreau y el padre de los herreros, ninguno era de tal naturaleza que aportara una mejora verdadera y po– sitiva en la situación material y rnoral de la clase obrera. Su– pongamos que según los deseos del señor Perdiguier, los compa– ñeros no se peleen más entre ellos; que como desea el · señor Moreau, desaparezca cualquier distinción entre oficios, y qu~ el compañerismo forme tan sólo una Unión General; supon– gamos también que, ·tal como desea ·el padre de los obre– ros, los •compañeros dejen de ser explotados por los taberneros (3) m~dres; supongamos, incluso que todos se aman entre ellos como buenos hermanos: - ¡ ésto ya sería obtener un buen re– sultado! -. Incluso imaginando un cambio tan completo, tan feliz, yo pregunto: ¿estas reformas, en qué cambiarían la posi– ción precaria y miserable en que se halla sumida la clase obre– ra? En nada o, al menos, en muy poca cosa. 114
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