Juegos de Tokio 1964; años después se utilizó el himno del Mundial de Argentina 1978. Al frente de su propio programa radial, Pocho se soltó y creo que marcó un antes y un después en la radio nacional. Con Ovación empezamos a hacer transmisiones en vivo de los partidos, pero no a la manera tradicional, con un narrador y un comentarista en la cabina. Pocho introdujo en nuestro medio a los periodistas de planta baja, que desde diferentes ángulos iban aportando otros puntos de vista y entrevistaban a los protagonistas del juego; a ras del campo hablaban en caliente jugadores y entrenadores, una novedad absoluta. También fue el iniciador de los spots publicitarios en pleno partido, convirtiendo a la voz comercial en elemento fundamental de las transmisiones. Estos spots eran cortitos pero pegajosos, ocurrentes, se hacían a dos voces, marcaban el ritmo del juego. Si había un tiro libre, Pocho decía «¡cómo acomoda la barrera!», y el narrador comercial respondía «¡cómo acomoda Comodoy!». Si un jugador resbalaba y caía, Pocho preguntaba «¿qué pasó?, ¿qué piso?», y el narrador comercial respondía «para pisos, Pisopak». Si nos íbamos al descanso del entretiempo, Pocho feliz preguntaba «¿qué hay para comer?», y el narrador comercial respondía «Pollos y Parrilladas Hilton, ¡qué placer!». Y así por el estilo había muchos comerciales que nacieron en Ovación y se incorporaron al lenguaje cotidiano en las calles. Hay muchas anécdotas surgidas a partir de estos famosos spots publicitarios de Ovación. Por amistades yo había conseguido un cliente, Almacenes San Agustín, y era el encargado de dar el pase a su eslogan, preguntando al aire «¿adónde se ha ido Titín?», a lo que Toño Llerena respondía «a comprar en San Agustín». Lógicamente yo trataba de favorecer a mi cliente, introduciendo su publicidad en momentos claves, pero creo que un día se me pasó la mano. Un domingo, día de triplete en el Estadio Nacional, Pocho se había ido al hipódromo y yo quedé a cargo de la conducción de la transmisión en el primer partido; aproveché entonces la ocasión para introducir a cada rato el nombre de San Agustín. En el camino al estadio Pocho escuchó la transmisión y entendió que estaba exagerando con ese eslogan, así que cuando entró a la cabina esperó su oportunidad para poner las cosas en orden. A los pocos minutos, nuevamente pregunté «¿adónde se ha ido Titín?», y Pocho adelantándose a Llerena cogió el micrófono: «a descansar, porque se cerró el comercial». Estas transmisiones que hacía Ovación no se limitaban a un solo escenario ni al fútbol. Una de las transmisiones más recordadas fue la que 393
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