centavos, 40 centavos pagamos con mi hermano, 20 cada uno, vimos desde la azotea cómo Alianza los goleó. Fue memorable, nunca había visto algo así, la gente se abrazaba y sacó a los jugadores en hombros por la calle. El Alianza venía a jugar en los potreros, en las haciendas. Estaban castigados porque no llevaron a Domingo García al Sudamericano del 29, y como ellos eran íntimos, dijeron, «si no va Domingo no va nadie», y se plantaron y la Federación los castigó. Los jugadores, como dicen ahora, se «recurseaban»; Alianza vino a jugar por acá, en Manzanilla. Todo el barrio fue a verlos jugar, grandes, chicos, señoras, todos, pero también venían de otros barrios, de distintas partes seguían a los negros, eran un equipo popularísimo. No había tribuna, nada de esas cosas, Manzanilla era despoblado, y hasta vinieron los blancos en los carros, eran blancos pero seguidores de los negros, tú sabes que hay un montón de blancos que son hinchas de los negros, siempre ha sido así, todo Manzanilla estaba rodeado de autos, nunca había pasado. El único player que no vino a jugar ese día fue Montellanos, después todito el equipo vino. A los jugadores la gente los llevaba de un sitio a otro sitio, los llevaban a sus casas, en jarana vivían, tomando, comiendo, bailando, a ellos no les faltaba nada. Todos querían estar con ellos, los idolatraban. 4. PERIODISMO DEPORTIVO Mi primera experiencia fue en 1938 cuando escribí una crónica del aniversario del club de mi barrio Juventud Carmen Alto, y la mandé a la revista Foul y la publicaron. Así empecé nomás mandando notas pero no era periodista, solo aficionado. El 40 mandé por correo una nota a La Prensa y me la publicaron, salió con nombre propio, y eso fue un incentivo, así que empecé a mandar más notas. Un día no tenía los 12 centavos que valía el correo, y yo mismo baje hasta La Prensa, y me encuentro con el señor Chávez Boza, que era el jefe de redacción ese día. El señor Chávez rompió el sobre, vio dentro y me dice, «¿Quién es el señor Varleiva?». Le digo, «a sus órdenes». «Ah —me dijo—, lo felicito porque todas sus notas han sido publicadas, ¿por qué no se viene a trabajar acá?». Al día siguiente ya estaba, hasta máquina me dieron. Estuve en La Prensa cinco años y aprendí todo el teje y maneje, a escribir, a hacer titulares, a hacer la leyenda de la foto, me metí a los talleres a ver la armadura. Antes no había diagramadores como ahora, al 376
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