Ese gol existe 2da edición

páginas web y programas de internet. Sin embargo, el sentido de animalidad que utiliza la prensa en sus titulares y crónicas, es diferente del que utilizan los hinchas, ya que homogeniza a todos los barristas de todos los clubes como bestias, animales salvajes y desadaptados que merecen castigo. En la sociedad mayor, más allá del mundo del fútbol, incluso entre las autoridades políticas y la propia policía, predomina esta percepción construida y difundida por la prensa. Situación que da pie a que, con cierta frecuencia, la policía golpee a los barristas al ingresar al estadio o en sus alrededores por considerarlos seres deshumanizados, animales que solo «entienden a golpes». 4. REFLEXIÓN FINAL La rivalidad siempre ha existido y va a existir en fútbol, es consustancial con su existencia. El desafío de nuestros tiempos es que la rivalidad se expresa a través de la violencia organizada, diversa en sus formas de expresión y legítima para un sector amplio de la sociedad. ¿Qué se puede hacer? Convivir e incluso participar de ella pero gestionarla en sentido virtuoso. Desde las dirigencias de los clubes y desde las autoridades políticas se puede crear incentivos positivos a la competencia y la rivalidad. Una política pública dirigida a las comunidades de barristas más «duras» y consideradas en riesgo, que tienen líderes y una estructura de organización informal pero muy eficiente en su funcionamiento. Como en el Perú la mayoría de los barristas organizados son jóvenes pobres y excluidos de los barrios populares, se pueden generar programas sociales integrales dirigidos a los líderes territoriales y a su segunda o tercera generación siguiente. Programas que, respetando la identidad futbolística de cada comunidad, tiene que ofrecer alguna alternativa a las necesidades materiales más apremiantes de sus miembros —formación ocupacional, prevención sobre drogas— al mismo tiempo que potencia sus destrezas — capacidad de organización, de comunicación y movilización—. Esto es posible porque el fútbol le da sentido, lazos de hermandad y rutinas a los jóvenes barristas que muchas veces pertenecen a pandillas dedicadas meramente a pequeñas actividades criminales. El fútbol puede ser el instrumento que ayude a estos jóvenes a encontrar un rumbo y salir de las pandillas delictivas. Para controlar o gestionar la violencia, sin embargo, se necesita del aporte de la prensa y los intelectuales que producen los discursos y la 344

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