Ese gol existe 2da edición

aunque su capacidad de convocatoria continúa siendo muy alta. Lamentablemente varios líderes de la barra de Universitario han estado involucrados en varios incidentes de violencia y de tráfico de drogas, algunos de los cuales provocaron incluso muertes de hinchas rivales en su propio estadio, pero también de transeúntes inocentes que se vieron envueltos en enfrentamientos. Los medios de prensa denuncian la «lumpenización» de la otrora barra decente de un club de blancos de clase media y alta. 3. NARRATIVAS RADICALES Los actos de violencia de las barras bravas se ven facilitados por el creciente predominio en el mundo del fútbol de narrativas radicales con fuertes contenidos homofóbicos, de feminización y animalización del rival. En las últimas décadas estas narrativas han creado un clima cultural y moral permisivo a la violencia, situación que Mafessoli describe como el «espíritu de las bestias». Como la violencia siempre tiene un objetivo, es decir, está dirigido contra alguien, en el fútbol la violencia se objetiva en el hincha o barrista del clásico rival. No se trata de cualquier hincha, sino de aquel identificado con los clubes que representan aquello que se rechaza visceralmente, identidad sintáctica en términos de Giulianotti y, además, con los que se disputa regularmente situaciones de superioridad o inferioridad. La rivalidad se ha desbordado y teñido de violencia. Los perpetradores de otro lado no son mal vistos por su entorno, todo lo contrario, tienden a ser distinguidos con un estatus de prestigio por la hazaña que le da castigar sin piedad al adversario. Estas narrativas se construyen sobre la base de ideas y nociones que provienen de una concepción radical de masculinidad. Una que tiene como premisa que el fútbol es una problemática de hombres, no de mujeres, y mucho menos de hombres afeminados o considerados homosexuales. Se glorifica la virilidad, la fuerza y la falta de frenos morales y emocionales en el enfrentamiento físico, al mismo tiempo que se busca feminizarlo para descalificarlo y «bajarse» al rival. Uno de los recursos más utilizados es insultar, agraviar con gritos, silbidos y bullicios asociados a la caricatura de un comportamiento homosexual estereotipado, o de una mujer deseosa de tener un amante protector. Los insultos se facilitan por el anonimato que ofrece el colectivo de la tribuna que alienta y festeja las agresiones sin individualizar al responsable. Otro recurso similar sentido es la 342

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