sostenido por los grupos territoriales de los conos o nuevas Limas como se denominan hoy. 7. TRINCHERA NORTE La barra del club Universitario de Deportes se organizó en 1968, cuando un grupo de estudiantes de clases medias y altas del colegio jesuita Inmaculada, residentes en el exclusivo distrito de San Isidro, que asistían regularmente al estadio —a la tribuna occidente— decidieron organizarse para alentar a su equipo. Las barras bravas argentinas se convirtieron en el modelo a seguir. Con el paso del tiempo, el grupo de hinchas se hacía cada vez más numeroso, haciéndose difícil congregar a todos en la tribuna de «occidente», más aun cuando personas y jóvenes de menor capacidad adquisitiva demandaban participación. Debido a esta presión, deciden migrar hacia la tribuna «oriente», menos costosa que occidente, pero más costosa que las tribunas populares, donde no había restricciones de espacio ni de movimiento. En la tribuna oriente, identificada con la clase media, se acentúo el crecimiento de la barra. Los estudiantes de San Isidro fueron desplazados, ya que cada fin de semana se plegaban más hinchas, se multiplicaban las banderas y las canciones sonaban más fuerte. Ese fue el origen de la barra oficial del club, conformada por jóvenes y adultos estudiantes y profesionales de clase media que preparaban y ejecutaban elaboradas coreografías y coordinados gritos de aliento, bajo el influjo de la música criolla. El mayor problema que debían de enfrentar los aficionados identificados con el club Universitario de Deportes fue el constante hostigamiento que sufrían por parte de los barristas de Alianza. Específicamente, el robo de banderolas, sabotajes a las coreografías y golpizas alrededor de los estadios. Los aliancistas parecían estar mejor preparados para los enfrentamientos callejeros y para el manejo de situaciones tensas y de alta presión. Pero también fue importante la decisión de los entonces líderes de la barra de Universitario, de no confrontar físicamente a los aliancistas, a los que acusaban de matones, y diferenciarse como un grupo de «hinchas decentes». Existía la idea que contestar los insultos y provocaciones de los agresores significaba descender al nivel poco civilizado del enemigo. De esta manera, para mantener la «decencia» de la tribuna oriente, los líderes de la barra no dudaron en suspender o expulsar a los barristas que 252
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