Ese gol existe 2da edición

más aún cuando a la población negra e indígena se sumaba la inmigración china primero y luego la japonesa, considerada por algunos como viciosa y decrépita (Portocarrero, 1995). El deporte serviría, entonces, también para «mejorar» la raza y tener los recursos humanos necesarios para defender a la patria de cualquier otra disputa bélica que pudiera existir en el futuro (Muñoz, 2003). En este contexto, el fútbol se difunde rápidamente desde los clubes de inmigrantes ingleses y jóvenes de élite hacia las escuelas públicas, la universidad, las fábricas textiles, y de allí a los barrios populares de Lima. El historiador Gerardo Álvarez ha documentado bien este proceso que sucede entre 1890 y 1912, cuando se institucionaliza la competencia entre clubes y se crea la primera división (Álvarez, 2008). La temprana pasión por el fútbol parece estar relacionada con el hecho de que permitió que grupos de individuos, mayormente jóvenes, organizados en clubes, pudieran competir en igualdad de condiciones por el triunfo, sin que el color de la piel, la capacidad económica o el linaje de los apellidos interviniesen decisivamente en el resultado final del encuentro. De esta manera, el fútbol producía un hecho inédito en una sociedad tradicional y patrimonialista: un espacio público gobernado por reglas igualitarias de competencia entre diversos colectivos étnicos y sociales, todos ellos integrados en la práctica de, y la pasión por, este deporte moderno, que al mismo tiempo expresaba las fracturas culturales, discriminatorias o clasistas de nuestra sociedad. Con la competencia se generaron rivalidades y adhesiones que se irían plasmando en identidades deportivas y futbolísticas. Las primeras rivalidades enfrentaron clubes formados por jugadores ingleses y jugadores peruanos de la élite como mencionamos anteriormente. Luego, con el cambio de siglo y la difusión del fútbol, la rivalidad dominante enfrenta a clubes de Lima y del puerto del Callao. Al respecto existen documentos y referencias periodísticas que testimonian lo encarnizado de esta última rivalidad que llevó, incluso, a enfrentamientos físicos en las tribunas y en los campos de juego entre jugadores y aficionados. También se suspendieron partidos por choques violentos con las autoridades y disturbios en calles y plazas públicas (Cajas, 1949). Sin embargo, no sería hasta 1928 cuando los clubes Alianza Lima y Universitario de Deportes logran constituir la rivalidad más importante del fútbol peruano, la cual perdura hasta nuestros días. Esta rivalidad se ha incrementado con el paso del tiempo hasta convertir el enfrentamiento 238

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