tiranía, sus futbolistas demostrarían que también sobre el terreno de juego podían ellos lograr lo que los limeños no habían podido alcanzar. Llegó por fin el domingo 4 de enero de 1931, la fecha programada para el encuentro entre el Atlético Bellavista y el Aurora de Arequipa. También era la fecha de cierre de temporada. La cita deportiva se llevó a cabo a estadio lleno, pues aunque no se vendieron todas las entradas, las tribunas lucieron totalmente cubiertas. Por gestión del ministro de Guerra, el coronel Barco, se permitió el ingreso de soldados de línea en la recién estrenada tribuna de segunda. Y vaya si jugaban bien los arequipeños, que esa tarde salieron al campo de juego reforzados con Pardón, también mistiano, en el arco. Alcócer y Arce formaban la dupla de backs de área. Cano, Osorio y Valdivieso hilvanaban el fútbol del Aurora desde la línea media. El quinteto ofensivo del campeón arequipeño lo formaban Lozada, Salas, Rodríguez, Bedoya y Alegre. Rindieron bien los arequipeños aquel primer domingo de nuevo año. Nada que reprocharles. El único problema fue que los uruguayos ofrecieron esa tarde la mejor de sus actuaciones. El partido terminó a favor de los mundialistas por un marcador de dos goles a uno, que fue considerado como fiel reflejo de lo que había sido un encuentro disputado limpiamente y con intensidad. Tras un inicio acaso promisorio para la esperanza arequipeña, el Aurora se vio superado por la contundencia del Atlético Bellavista, una oncena con varios campeones mundiales vigentes en campo. Riolfo a los 25 del primer tiempo y el infaltable Manco Castro a los 11 minutos del segundo tiempo consiguieron los goles del Bellavista. Felizmente, el arequipeño Arce pudo conseguir el gol de honor a los 20 minutos de la complementaria, lo que le puso una cuota de emoción al tramo final del encuentro y ante todo le permitió a los arequipeños del Aurora abandonar el campo con la frente alta. Uruguayos y arequipeños se saludaron nuevamente al término del encuentro recibiendo ambos equipos la ovación del público, mientras se retiraban a sus camarines ubicados en la tribuna de primera, la que hoy se conoce como «occidente». La tarde parecía rematar benigna marcando el fin de una gran temporada futbolística. Y la fiesta seguiría. El fútbol terminaba pero ya llegaban los Reyes Magos con sus regalos. Todo normal, todo tranquilo. 204
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