Escvela Normal de Preceptoras : primer cincventenario de su fundación, Lima MDCCLXXVI-MCMXXVI

EN ~ POS DEL ID E AL A MAESTRA CHIS rIANA.-¿Qué es la MaesLra cris- 1 tian a. sino el artista que modela el almn del niño; la que, mediante su constante y abnega·da labor, graba en el J as sublimes verdades y enseñanzas de la Reli– gión; la que Je inculca los sentimientos morales qne más tarde van a tener tanta importancia en su vida; la que, con el esme– ril de la instrucción, da hriilo a todo este conjunto que ella. ha formado, con su trabajo silc.ncioso, pero de trascendencia para el mundo entero? LG, influencia de la Maestra sobre los niños es definitiva, y de ahí su gran responsabilidad ante Dios y ante los 1hombr,es. Si sus enseñanzas son sóÍidamente cristianas y llevan, por lo tanto, al cumplimiento del deber, la divina semilla de la fe brotará fo7,ana y dará en ,el porvenir frutos de bue– nas obras. La Ma,estra normalista que ha pasado varios años a la sombra de Je– sús Sacramentado, recibiendo saludables enseñanzas y fortificando su es- 1-1íritu y su corazón, al salir .de la escuela comprende que su apo-stolado es grande, tan grande como difícil. Ansiosa de realizar el ideal entrevisto, no le arredra ni lo largo de la jornada, ni las e.scabrosidadres del camino, ni lo apartsdo de los lugares, rii los obstáculos que pueden presentársele: rro– do ,eso 1o sabe, pero na-da la detiene . . . .Como educadora cristiana, com– prende que esas mismas dificultades, no harán sino aumentar su mérito, y que, el inmolarse por los demás, es imitar al Divino Maestro. Las relaciones que continuamente envían a sus ,queridas Madres des,.. de todos los puntos de la República, llenas de la expresión de su afecto y del recue,rdo de los ,pasados días en que sólo era un ideal lo que actualmente realizan, prueba que, mayores de lo que se figuraban, son las dificultades con que tropiezan. Y, sin embargo, ninguña queja asoma a sus labios; porque, además del aliento que les infunde la esperanza de la vida futura, e.s p::ira ellas una recompensa anticipada el cont,emplar esa cantidad de niños que, mediante sus ens·eñanzas, y, -sobre todo, con su ejemplo, se hallan en el s-en– tlero que a la verdadera f.elicidad conduce. La caridad que, como el fuego, nunca dice "basta", hace que no se contenten con ej,e,rcer su influencia sobre los niños, sino que la extiendan a sus familias; ya conociendo por ellos sus ocultas miserias; ya esforzándose por llevarles el l·enitivo de la compasión, cuando no disponen de otro más eficaz remedio; ya sirviéndose de los mismos para infundir en los hogares los sanos pr:incipios de 1a religión y la moralidad, del orden y hasta de la vida económica y racional, cuya falta suele mezclarse entre los motivos de las extremas miserias. Y sí "el celo es lo sobrante del amor", como alguien ha dicho, no extrañará verlas realizar en su campo de acción verdaderos pro- 35

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