La organización del Hospital por aquellos tiempos estaba encomendada por lo general a un Mayordomo o administrador encargado de su funcionamiento y de una cofradía o hermandad de Hermanos 24, todos unidos por espíritu cristiano y sentido de redención de los pecados, con funciones específicas, como hemos visto en las numerosas Constituciones u Ordenanzas aprobadas; cada uno cumplía una misión; todos debían ayudar al desenvolvimiento del Hospital, a su buen funcionamiento y sobre todo a la buena y caritativa asistencia de los enfermos para lograr su recuperación y su retorno al hogar y a sus labores; así como enterrar a los muertos, celebrar los actos de culto, recolectar las limosnas, donaciones y aportaciones; hacer los turnos diarios para vigilar la comida, el buen orden, la paz y la tranquilidad de los enfermos; concurrir a las visitas diarias del médico y demás acompañantes; controlar la producción de la botica, la salida de los medicamentos y también la venta al público, para generar más recursos. En esta primera etapa, el Hospital recibía la ayuda del Cabildo para su sostenimiento, pero no era suficiente para cubrir todas sus necesidades, debiendo acudir a las limosnas, a las donaciones, a las ayudas de terceros, a los legados testamentarios, o a los contratos de obligación y de responsabilidad que se comprometían, los hombres de buena fe que deseaban ayudar a su Hospital. Es un tema apasionante, la lectura de cientos de escrituras y de largas convenciones superdetallistas, en que se establecen las cláusulas de rentabilidad, de aportación, de generación de recursos, a cambio de recibir rezos y oraciones, a cambio de misas, preces y salmos, a cambio de un lugar firme y seguro al pie de los altares o de las criptas donde sus restos mortales fueran enterrados (Rabí 2005: 4-5). Al iniciar sus actividades bajo la administración del mencionado Juan de Mañuelo, el hospital estaba destinado, como bien dice Rabí Chara, «al común de la gente, tanto para naturales como para los nuevos pobladores, y se establecen las clásicas salas de hombres, separadas de las de mujeres; así como los ambientes destinados a los infectocontagiosos, y otro separado y alejado para los desahuciados y en trance de muerte, para que no afectasen a los demás pacientes ingresados» (Rabí 2005: 5). Siguiendo a este mismo estudioso, nos enteramos que cuatro años más tarde, en 1560, Juan de Mañuelo fue sucedido por Hernando de Saavedra, luego por Ruy Gómez de Leiva y, a continuación, por otro personaje prominentemente mencionado y dibujado en la Nueva Corónica al lado de Martín de Ayala, aquel medio hermano de Guaman Poma. Este es Beltrán de Caicedo, de quien nuestro cronista dice que ha existido un retrato que colgaba en una pared de las habitaciones del hospital al lado de otro de su pariente mestizo. 95
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