otorgado a los números en aquella sociedad. Dudas también pueden suscitarse sobre la autenticidad de los individuos o eventos vinculados a dichos años ya que no podemos asumir que las tradiciones indígenas compartían nuestras mismas preocupaciones por la realidad objetiva o que dichas unidades temporales hubiesen sido puestas al servicio de datar eventos. La ausencia de este tipo de dudas ha sido una constante en la historiografía construida alrededor de los incas desde el siglo dieciséis. Así, ninguno de los primeros cronistas alguna vez llegó a dudar acerca de la existencia real de los reyes Incas presentada en las listas dinásticas. Algunas veces se sorprendían de la variedad de opiniones sobre su número o sobre los hechos que se les atribuían a cada uno de ellos, pero entonces el criterio para dirimirlos era tomar partido por el relato «más a la mano» o evadir «conflictos corriendo traslado a un cronista anterior… Ni faltó, por último, quien atenuara los contrastes, como el conciliador jesuita Bernabé Cobo, buscando una media aritmética entre testimonios dispares…» (Araníbar 1967: lxviii). Cuatro siglos después, esta es aún la política «oficial» de muchos de los historiadores modernos y sus escritos siguen campeando en el imaginario que todavía reina sobre la historia de los incas. O, como dice el mismo Araníbar, «…acogen algunas historias al uso que se recitan en los bancos de escuela y que sobreviven en los compendios menores. Hojarasca y maleza que corre riesgo de no dejar, al menor soplo crítico, brizna de seguridad» (Araníbar 1967: lxviii-lxix). Las listas dinásticas de Incas han permitido a los modernos historiadores conjeturar que la sociedad inca duró 400, 500 o 600 años; que tuvo un origen aimara; que su expansión se inició con el IX Inca Pachacuti; que su historia sigue un desarrollo de una etapa de confederaciones hasta una imperial; que dos dinastías de reyes Incas se sucedieron una después de la otra. Apoyándose en la arqueología, algunos intentos han sido hechos para seguir la ruta de los hermanos Ayar quienes, de acuerdo a las tradiciones indígenas, eran los ancestros de los reyes Incas; y, desde luego, también ha existido gran preocupación por escribir biografías de los reyes Incas tales como las de Pachacuti, Tupa Inca Yupanqui, Huayna Capac y así sucesivamente. La actitud común en todos estos intentos era asumir que 35
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