En busca del orden perdido

Figura 63. Segundas armas de los Incas idólatras: a) en la Nueva Corónica y b) en el manuscrito Getty Una muestra adicional de la presencia de un modelo genealógico y otro sociológico en la elaboración de estas edades se puede apreciar en la presencia del término uari (huari) en las dos primeras. Dado que cualquiera de las denominaciones de las edades podría ocupar este primer lugar, ya que en la región andina todas aluden a peculiaridades de los tiempos remotos, cabría preguntarse por qué las inicia con este término en vez de purum o auca. A mi modo de ver, la explicación radica en la connotación de pueblo originario que encierra, como es notorio en los contextos institucionalizados donde aparece como el opuesto complementario de llacuaz. Quien mejor plantea la existencia de esta dicotomía, que se daba en muchos pueblos serranos, es el extirpador de idolatrías José de Arriaga al sugerir que en las indagaciones que hagan sus colegas para desarraigar los cultos antiguos en los pueblos de este ámbito, se le a de preguntar al Indio, si es Llacuaz, o Huari, y llaman Huari, o Llactayo al que es natural de aquel pueblo, y todos sus antepassados lo fueron, sin tener 311

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