En busca del orden perdido

Pero si bien la lógica para obtener esta duración nos resulta clara, debo admitir que todavía me resulta oscura la racionalidad detrás de las cifras que da para cada edad y para cada gobernante Inca. Que no sean decimalmente redondas como 1.000 para cada edad y 100 para cada Inca me lo explico porque estas duraciones míticas las trata de conectar con los años de la tradición cristiana que comienzan a pautar los Andes desde la Conquista, pero lo que no me queda claro es por qué Huari Viracocharuna figura, después de algunas vacilaciones expresadas en un cálculo tajado, con 800 años o Manco Capac con 140, Sinchi Roca con 155, etcétera Tampoco me queda claro de dónde concluye que Sinchi Roca tuvo 80 años cuando Cristo nació. Lo que sí estoy seguro es que estas cifras no las da arbitrariamente. Alguna lógica debe existir, pero descubrirla tendrá que ser tarea de muchos investigadores que tengan cierta pasión por la vertiente indígena de nuestro cronista.5 Que el mito domine sobre lo propiamente histórico a lo largo de la Nueva Corónica no quiere decir que su autor hubiese carecido de habilidades para dar opiniones pragmáticas ya sea en el campo político como en otras esferas. Nadie que hubiese actuado como intérprete o como reemplazante de jueces de tierras que dirimían determinadas contiendas, me parece, podría haberse sustraído de alcanzar cierta familiaridad con la legislación colonial y darse cuenta de su empleo en la práctica. Litigante él mismo por las tierras de Chupas no pudo dejar de ignorar las argucias de la justicia de la época ni la normatividad que debía pautar los cargos desempeñados por determinados funcionarios. También no debió escapársele la importancia de estar bien conectado con personas influyentes, como se puede apreciar en Y no ay rremedio cuando atribuye algunos abusos de sus rivales a factores de esta naturaleza. Sin embargo, congruente al fin y al cabo con sus premisas mesiánicas o utópicas, como otros preferirían llamar, sus propuestas, aunque atemperadas algunas veces, no dejan de estar teñidas de aquel ideario basado en un ordenamiento social donde prevalecen las condiciones de estatus adscrito, derivadas desde los comienzos de los tiempos, frente a las que pudiesen ser adquiridas. Se trata de un ideario donde se favorece la endogamia y se ve al mestizaje como un anatema causante de todos los males, sobre todo del temido despoblamiento que 26

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx