entender, este término aludía a un gobernante que no tenía jurisdicción sino que en su mano sostenía al mundo, al igual como dibuja la figura de Dios, Cristo o el Papa (véase fig. 49). Es con este esquema de corte mesiánico que trata de darle sentido al material que acopia. Sea aquel que recoge sobre el pasado prehispánico, como el de la etapa de transición o el de la Colonia propiamente, todo lo procura pasar bajo este tamiz. Obviamente se trata de un esfuerzo de alguien que no es ajeno a las tendencias ideológicas de sus contemporáneos europeos. Difícilmente uno de aquellos informantes de Ávila hubiese podido haber intentado una empresa de esta naturaleza. Para hacerlo se debía estar al tanto de temas como el poblamiento de América, que tanto preocupaba a muchos cronistas de su época, o la génesis de la humanidad, que desde Eusebio de Cesarea o Isidoro de Sevilla pasando por Hieronimo de Chaves, Rodrigo Zamorano o Andrés de Li, había motivado tantos escritos. Por otro lado, si lo que intentaba era buscar el bienestar de sus hermanos indígenas, cómo no fijarse en Bartolomé de las Casas y en todos aquellos que trataban de atemperar las tropelías que se cometían con los vencidos. De todos ellos procuraba obtener lecciones, pero la forma cómo las asimilaba era otro cantar. A la par de estas fuentes, Guaman Poma tenía como bagaje toda la tradición indígena, que actuaba como telón de fondo en su comprensión de la realidad. Por otro lado, el mismo autor veía cómo esta era recogida e interpretada por sus colegas de la época, como podía ser el caso de Murúa, con quien colaboró en su Historia y Genealogía de los Reyes Incas del Perú. Si el haber sido juzgados de idólatras o de tiranos había tenido tanto peso como justificación para la conquista de las Indias, cómo quitarle peso a esta argumentación para que los españoles se marcharan de estas tierras. Ni Las Casas, ni Vitoria ni otros defensores de los indios podían ofrecerle algo que le resultase adecuado. Ante semejante reto qué alternativa encuentra. La única que según sus estándares ve posible: que los indios ya eran cristianos antes de la llegada de los españoles y que los verdaderos idólatras eran los incas que formaban parte de un segmento separado de los indios. Para este efecto se vale del esquema de las cinco edades del mundo, tratándolas como divisiones de naturaleza cosmológica y 24
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