En busca del orden perdido

sobre la estructura jerárquica importada por los españoles. Con respecto a Toledo, lo que le incomoda es que hubiese osado sancionar a alguien que estaba por encima de él. Para Guaman Poma un rey solo podía ser sentenciado por alguien que tuviese su mismo rango aristocrático. Un simple funcionario gubernamental sin las necesarias credenciales nobiliarias no podía haber actuado como lo hizo. Toledo, para los ojos de nuestro cronista, era un simple criado del Rey de España que no podía haberse tomado las atribuciones que lo llevaron a ordenar la muerte del último Inca de la resistencia de Vilcabamba. Quebrantar esta ley inmemorial era equivalente a un acto de rebeldía contra el Rey de España pues se usurpaban funciones que solo competían a este último. Con semejante muestra de soberbia nuestro cronista considera que el mismo Virrey se degolló, pues Dios era conocedor de sus actos (Guaman Poma 2001: 937 [951]), los que, según tradiciones que posteriormente circularon, le acarrearon desventuras cuando retornó a España. Considerando que toda posición social debía asociarse a determinadas vestimentas y signos externos —como había sucedido en la época prehispánica—1 Guaman Poma, elogiando esta costumbre, señala: qué bien parese cada uno a su trage, el cacique principal como cacique principal, el yndio como yndio, y la principala como señora y la yndia como yndia bestidos, para que sean conocidos y rrespetados y honrrados ... aunque esté bestido su natural camegeta y cauello cortado al oido trayga de manera que deferencie de los yndios y caparesca como cacique prencipal y señor de la tierra. Y ci tiene barbas de camarón cocido, que pareserá mestizo, cholo, mala casta, mulato, zanbahigo. Y ci nengún yndio trayga barbas cino su natural. Y el dicho español cin barbas que pareserá puta bieja, cara de una máscara. Al español le honrra las barbas y ci tubiera cabellos como yndio, pareciera saluage, animal bruto. Su uerdadero traxe de español bestido y barbudo y motilado es honrra en el mundo (Guaman Poma 2001: 787 [801]). Esta asociación de la indumentaria con las diversas categorías del orden jerárquico aparece nítidamente expresada en su descripción de los funcionarios políticos (véase cuadro 4). Allí es interesante notar que, contrariamente a su rechazo global de la indumentaria española para el mundo indígena, acepta algunos elementos del ropaje foráneo para su mundo, pero tan solo para caracterizar a las posiciones más altas. Así, don Melchor Carlos Inca, que fue descendiente de los Incas y como tal tratado 235

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