En busca del orden perdido

cuatro encierran en su seno un sistema de ayllus que los hemos llamado simbólicos porque su configuración numérica se deriva de consideraciones que van más allá del parentesco y otros criterios coyunturales. Hoy siguen en vigencia en Cabana y se ponen en evidencia en las faenas comunales. Suman un total de cinco. El quinto, llamado «Lari», adscribe particularmente a los forasteros, los cuales no están obligados a participar en aquellas actividades laborales. La responsabilidad queda, por lo tanto, en los otros cuatro cuya configuración numérica debe ser para guardar armonía con las divisiones que desde tiempos prehispánicos organizan el cosmos. Correspondiendo con esto último, cada ayllu tiene un nombre que recuerda aquellos que se asociaron con aquel sistema cosmológico por antonomasia con que los incas organizaron el culto a sus divinidades en la ciudad del Cuzco. Este es el famoso sistema de los ceques, estudiado creativa e infatigablemente por el célebre antropólogo holandés Tom Zuidema (1964). Coincidiendo con la nomenclatura que ordena jerárquicamente a los ceques o líneas imaginarias que, agrupadas en cada uno de los cuatro suyus del Tahuantinsuyu, se desplazaban desde el templo del Sol hacia el horizonte, un ayllu lleva el nombre de Collana y otro de Payan, mientras que los dos restantes unos un tanto ajenos como «Purucha» (que alude a calabaza) e «Ichoqa» (que también tiene una connotación jerárquica pues quiere decir «izquierda»). Sorprendentemente, en las partidas de bautismo ya mencionadas, estos mismos ayllus aparecen pero formando parte de un conjunto mayor que suma diez ayllus. Guaycahuacho, por su parte, figura con nueve, Sondondo con ocho y Andamarca, como si todos estuviesen unidos por un sistema numérico decreciente, con siete. Pero la evidencia sobre la hermandad de estos cuatro pueblos no termina aquí. Adicionalmente, debemos mencionar la gran reiteración que existe en cada uno de ellos con relación al nombre que ostentan sus ayllus simbólicos (véase Ossio 1981: cuadros 1 al 4). De los pueblos que se derivaron de la reducción de Apcara, Omapacha y Uchuc Ayllu, desafortunadamente no pude encontrar sus partidas de bautismo pero, al menos, en las Informaciones de Cristóbal de Albornoz, en la página 4/41, se mencionan algunos indígenas del pueblo de Apcara, sancionados por pertenecer al movimiento del Taki Onqoy, que figuran asociados a sus ayllus simbólicos. De esta evidencia se confirma que los indígenas de esta reducción también contaban con estos ayllus, algunos de los cuales compartían los mismos nombres y otros diferentes (Millones 1971). Así, uno se llama Collana, que ya nos es conocido, y otro Quizarama, que no figura entre aquellos derivados de los Antamarcas. 30 Sin embargo, cuando Cristóbal de Albornoz en la década de los sesenta del siglo XVI visitó este repartimiento para sancionar a los seguidores del Taki Onqoy, también figuran miembros de este ayllu establecidos en la zona (Millones 1971: 4/45). 31 Aunque no de manera tan precisa como Guaman Poma, Fray Martín de Murúa en su Historia General del Perú o Manuscrito Getty también nos habla implícitamente de las andas de paseo y de guerra. Dice al respecto que «El Ynga, cuando salía de su casa, que era pocas veces, caminaba en unas andas y en la guerra entraba en ellas muy ricamente aderezadas, con abundancia de pedrería, sobre oro y plata, de que era hechas, y plumería de todas colores. Estas andas era su oficio el llevarlas en los hombros, con el Ynga, los indios rucanas, que es una pruincia deste reino, y ansí los llamaban incapricran que significa hombros del Ynga…» (Murúa 1964: 34-35). 194

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