En busca del orden perdido

Acauaron de echallo todo los pobres de los yndios de sus pueblos y lo hizo tiniente de corregidor del rrepartimiento. Y ancí este tiniente lo pagaua de su bolsa la taza y cobraua doblado en rropa y plata y ganados. Ci el dicho pagaua mil pesos, cobraua dos mil pesos. Y ancí se aprouechaua muy mucho y hurtaua y hazía tratos y el dicho comendero no se podía pagarse y tener tantos corregidores. Es gran mal de los pobres indios (Guaman Poma 2001: 517 [521]). ¿Quiénes eran estos malos caciques que habían hurtado la tasa? Páginas más adelante hasta retrata (véase fig. 23) a alguno de ellos en conjunción con un texto que los presenta como contrastes negativos de las virtudes que deberían mostrar las autoridades indígenas. Se trata de Carlos Catura y su hijo Felipe Guayna Catura, así como de Juan Laura y Juan Usco Paniura. De ellos dice: Estos gobernarán los Aymarays del pueblo de Yanaca de la encomienda de don Cristán de Ciloua, becino de la ciudad del Cuzco, y de los demás principales deste rreyno. Cobran de más de la tasa y ci puede, dos doblados. Con ello juega y putía y se enborracha de uino y de chicha y come coca todo los días. Y ancí deuen y hazen muy mucho rrezagos. Cómo este dicho don Carlos Catura, gouernador, y don Juan Usco Paniura deuía dies mil pesos de rrezago al dicho su encomendero, no le pudía cobrallo. Y ací en su uida lo pagarán porque lo an bebido todo. Y ancí ci lo gouernara un principal, buen cristiano como don Domingo Cones Paniura o don Felipe Laura, que jamás ubiera rresago y que no fuese yndio borracho ni coquero ni jugador o que fuese de otro rrepartimiento que gouernase con el dicho salario y serbicios. Con esto sesarían de tanto hurto y rrobamiento que se haze de los pobres yndios deste rreyno (Guaman Poma 2001: 781 [795]). 134

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