En busca del orden perdido

sus desavenencias. Ellos eran Yanaca, de donde dice que el mercedario era comendador, y aquellos de Pocoguanca, Pichihua y Pacica. Todos eran parte del repartimiento de Taype Aymara, como se puede deducir de la Relación ordenada por el virrey Martín Enríquez en 1583 y por la ubicación contemporánea de los poblados que llevan esos nombres. Además de pueblos, como veremos, menciona a una amplia gama de personajes, también vinculados a esta circunscripción, que no dejan lugar a dudas que de todos los repartimientos de Aimaraes, el más ligado a nuestro cronista fue Taype Aymara. Aparte de Murúa, otro europeo mencionado por Guaman Poma como parte de los actores con quienes interactúa es Cristán o Cristián de Ciloa, vecino del Cuzco, que en dos oportunidades es mencionado como el encomendero del repartimiento de Taype Ayllo (Guaman Poma 2001: 517 [521] y 781 [795]). Tanto la Visita de Toledo, como la Relación de Martín Enríquez, coinciden en señalar que, efectivamente, el encomendero de este repartimiento era un tal Tristán de Silva, quien lo poseía en segunda vida por herencia de su padre Diego de Silva.40 Además, señalan que esta circunscripción tenía 11.333 pobladores, de los cuales tributaban un total de 2.142 indios. Contaba, por añadidura, con 643 viejos o impedidos, 2.285 muchachos de 17 años para abajo y 6.260 mujeres. Aparte de sacar 12 indios para el servicio del curaca del total de tributarios, lo que se recaudaba eran 10.650 pesos de plata ensayada. De esta cantidad, la parte principal iba al encomendero, pero 1.930 pesos eran destinados para el sínodo y para pagar «…cinco sacerdotes religiosos de la orden de Nuestra Señora de las Mercedes y algunos clérigos que doctrinan a los dichos indios en los pueblos de su reducción a razón de 550 pesos cada uno…» (Cook 1975: 117). Cuenta Guaman Poma que los diez mil pesos ensayados que los indios tributarios le debían a este encomendero no se los podían pagar41 porque los yndios se ausentaron y se fueron por el mal tratamiento de un flayre merzenario llamado Morúa, gran letrado. Para hazer mal a los pobres yndios, este dicho pidió que le diese mandamiento de comición a él y que le diese otro mandamiento a un español llamado Martín Domingues, hombre pobre, porque cobrase la tasa que los caciques abían hurtado. Le enformó al dicho corregidor; como era su amigo le dio comición, de manera que los dos eran conpañeros. 133

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