En busca del orden perdido

cumplido por determinados curacas principales en la captura de Hernández Girón (véanse pp. 434 [436]- 435 [437]) o para ejemplificar el desempeño de un cargo (pp. 749 [763]). En la sección donde relata su postrer viaje a la ciudad de Lima para hacer la entrega de su manuscrito, es donde Guaman Poma ofrece el relato más extenso de este escenario huanca. Atravesar esta región después de cruzar Huancavelica era un paso obligado para los viajeros que venían de la sierra sur. Según refiere el autor, llega a Huancayo un Viernes Santo y lo aloja un yndio llamado Pedro Carua Rinri. Y era cantor y tenía oficios y cobraua la limosna de la santa bula de la crusada seys años. Y era cíndico y mayordomo de la yglecia del dicho pueblo de Uancayo, adonde le hizo caridad y limosna (Guaman Poma 2001: 1115 [1125]). Ya durante su paso por Huancavelica había tenido un sinnúmero de contratiempos, y llegó incluso a ser abandonado por su hijo Francisco. Estos contratiempos no terminan, pero lo mismo debe continuar con su camino. Dallí se fue al pueblo de la Concipci[ó]n de Lurin Uanca y a Xauxa. En los dichos pueblos dize el autor que uido medio prouincia hecho yanaconas [criados de españoles] y uellacos yndios que traen camegetas y mucho negocio, haraganes, ladrones que se arriman a los padres y españoles. Y uido más otro medio prouincia de yndias hecha putas. Traen faldilines, mangas, botines y camisas, todas cargadas media dozena de mestisos y mulatos, cholos, sanbahígos. De tan grandes putas ya no quiere casarse con sus yguales yndios. Estos dichos cargan a los otros pobres yndios. Y ací se ausentan los dichos yndios y no multiplica y se despuebla los pueblos y se acauan (Guaman Poma 2001: 1115 [1125]). Al parecer, aquel mestizaje, destacado elocuentemente por nuestro célebre escritor José María Arguedas en distintos artículos (Arguedas 1975: 80– 147), ya era una peculiaridad que llama la atención de nuestro autor indígena. Pero si bien para el novelista apurimeño era una señal de una integración cultural bien consolidada, para el cronista indio era una muestra más de una aberración que se acrecienta conforme se acerca a Lima. Y conforme se le va encrespando el ánimo trae a colación el caso de un curaca de Hanan Guanca que ejemplifica este paulatino deterioro de la sociedad andina. Su nombre era Juan Apo Alanya y estaba casado con María Manco Carua. Madre de este curaca era María Alta, quien había contraído matrimonio con un mestizo llamado Francisco Serrano. Este 129

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