menciona que no hay minerales, y están las vetas más cercanas por el Caruarazo. En el 29 señala que se proveen de sal de unos yacimientos un tanto distantes. En el 33, además de repetir los productos que debían tributar señalados por Toledo, añade que comercializaban los carneros de la tierra y su lana, y los trocaban por coca y ají (Monzón 1965: 245- 247). Era una época en que, a la par de la producción tradicional, comenzaban a introducirse animales y productos de España. Incluso parecía que algunos de estos últimos trataban de imponerse a la fuerza. Ya vemos que Monzón señala que los de este repartimiento no eran muy aficionados al cultivo del trigo, como ocurre hasta la fecha; sin embargo, siendo atractivo para los europeos, Toledo les exige que contribuyan con 200 fanegas. Algo parecido debió suceder en los otros repartimientos del corregimiento y en muchas partes de la sierra. Pero así como eran reacios a ciertos cultivos importados, había indígenas innovadores, posiblemente de condiciones económicas privilegiadas, que exploraban nuevas alternativas de enriquecimiento, que se interesaban en ellos. Este parece haber sido el caso de aquel curaca que comenzaba a experimentar con viñedos en un medio diferente al costeño donde ya habían arraigado con mucho éxito. Los cultivos más expandidos en aquel momento, y podríamos agregar hasta la fecha, eran el maíz y la papa. Eran tan importantes que el calendario que describe Guaman Poma al final de su crónica prácticamente se centra en el ciclo de actividades asociadas con el desarrollo de estos cultivos. Es así que en los dibujos de cada mes, que acompañan al texto, nueve presentan escenas asociadas con actividades del ciclo agrícola del maíz y tres con el de las papas. Los del maíz son: enero, febrero, marzo, abril, mayo, agosto, setiembre, octubre y noviembre. Y los de la papa: junio, julio y diciembre (Guaman Poma 2001: 1130 [1140] - 1167 [1177]). De los 8.260 pesos de plata que pagaban los tributarios de este repartimiento, 2.039 con 2 tomines servían para pagar a 4 sacerdotes doctrineros; 1.200 pesos para justicias y defensores de indios; 100 pesos para la fábrica de la iglesia; y para los curacas 438, los que además recibían una cuota de 16 indios para su servicio. El resto se repartía entre el encomendero y los alabarderos del Virrey (Cook 1975: 264). 113
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