En busca del orden perdido

son de una misma habla y andan vestidos con ropa de lana: poseyeron muchos ganados y en sus prouincias ay minas ricas de oro y plata. Y en tanto estimaron los Ingas a los Soras y Lucanas, que sus prouincias eran cámaras suyas» (Cieza de León 1984: 253). Otros, como Polo de Ondegardo, dicen que la razón por la cual llevaban las andas del Inca los lucanas era por tener «el paso, según ellos dicen, muy llano y asentado» (Polo 1990: 88). Bien pudiera ser que esta fama la alcanzaran cuando ya se venían desempeñando como tales, pues cualquiera podría tener una habilidad de esta naturaleza. Más que esta razón debió primar otra de naturaleza social y jerárquica que desconocemos, que debió de favorecerlos pues, curiosamente, según la Relación de los Señores Indios que sirvieron a Túpac Yupanqui y Huayna Capac: Cuando algunos de aquellos caciques de guaranga hacía otro alguno o mayor servicio que lo mereciese le hacía merced que mandase una comarca de indios y tierra de cuatro o cinco y seis y más guarangas, y todos los principales de aquella comarca y guaranga le eran subjetos, y el reconocía la subjección a solo el Inga o a sus gobernadores, y a estos eran los que llamaban hatunrucanas, que es decir, el cacique mayor; y a los demás los llamaban curaca de pachaca o guaranga, lo que tenía, y a estos llaman los españoles principales (Relación de los señores indios que sirvieron a Túpac Yupanqui y Huayna Capac 1920: 85). Durante la Colonia, este repartimiento de los Rucanas Antamarcas pasó a manos privadas. En la primera distribución que se hizo en tiempos de Pizarro, este se adjudicó a un español apellidado Avalos que, según Jiménez de la Espada, pudo haber tenido como nombre de pila Francisco (Monzón 1965: 238 y véase nota 2 de esta página). Luego, según la Visita de Toledo, debió transferírsele a Juan Velazquez Nuñez que lo dio en herencia a sus dos hijos. Una parte fue a Xill Vega y la otra a su hermano Gabriel Nuñez de Vela. La del primero vacó y, por tal motivo, el virrey Toledo adjudicó aquella parte para el Rey a fin de que sirviera para pagar el sueldo de los alabarderos y de la guarda de a pie de los virreyes (Cook 1975: 263). No sería de extrañar que al tomar esta última decisión el mencionado Virrey lo hizo teniendo presente el estatus privilegiado de «pies del Inca» que habían tenido en el pasado. Igualmente, es muy posible que por haber mantenido lazos afines, especialmente en lo concerniente a 109

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