El zorro de todos los caminos

urante varios días, Atoq vivió entre los zorros de los Andes. Aprendió a orientarse por las estrellas, a escuchar el viento y a leer las huellas en la tierra. Pronto comprendió que ellos también deambulaban y pasaban hambre, pero se cuidaban incluso en los malos tiempos. También contaban historias sobre los primeros zorros, como en su manada. Pero aquí solo hablaban de sus hazañas, de cómo resistían y se protegían. Nadie mencionaba las tierras abundantes, como si eso no importara. Una noche, mientras miraban el cielo, le mostraron el Mayu: el río del cielo hecho de estrellas. —Es el reflejo de un gran río en la tierra —le dijeron. —Algunos dicen que ese es el río Amazonas —añadieron. Atoq miró las siluetas que brillaban en el río de estrellas. Entre ellas, vio un zorro y sintió un escalofrío. —¿Y si ese gran río es el lugar de donde vinimos todos los zorros? —susurró—. La tierra de los zorros debe de estar cerca. —Puede ser… —respondieron—. Los ancianos dicen que las historias no siempre significan solo una cosa. A veces dicen mucho más. Antes de partir, Nina le entregó una piedra tallada. —Es para que recuerdes que todos los caminos dejan huella. D 20

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