El Recreo

~-=== =-==========E=L-=--R---=E=C=R=E=-=O==== = ñ"- pliegues de tu estidura blanca y leve como los vapor s del alba, la luna, la aurora, y las aguas de las fuentes de– sapai-ecen de la memoria, donde que– da UJta sola imaj en: la tuya. Pero los encantos de tu rostro, el fuego de tus ojos, cuyas miradas tocan y v ivifican el e~píritu, como los rayos a.el s.Jl dJ ~ni;.1 0 la silvestre azucena 1u-.; les And ~R; tJ.s labios mas rojos y :;.-r::-: ga tes qu.8 las clavelinas que nacen .:, 1 w ::mllas de Uruguay; tu seno, cu– ya bh1..ncura clá celos al alabastro flo– rentino, y cuya hermosura voluptuosa deja sin gracia las creaciones atrevi– das del Ticiano; tu cintura, fina y flcc– cible como las palmeras del Paraguay: tu juventud, que di puta á b. aurora su lozn.nia y sus esperanzas, todo, to– do de· 9pd,1ece al lado de la belleza de tu es_2í.!.'itu, como desaparecen las es– tnJlas á la luz cáuclida é inocente c.lel all1a. Tu corazon es un ramo de flores sin espin· -s, y cada fl r repres t>nta un afecto sublime ó tierno, d licado ó pro– fundo. Ar:.:rns, por que el amor es una 1;i.eceaica d de tu ex.sistencin,. Amas á Dios, por quú en el fon o d8 al~na es– ta virn y L · ill· ute la 1ecordac1011 de tu pi imei· morada: el Cielo. Amas la lilH:-rtad, por ese in stinto supremo de los cvr:tzones noble , que se n ~vel:1 con– tra todo lo q nr po e caden as á, las amhieion, s gern'r osas. Am .. 1 i 1.iJ.ú::üca y l· s ílMr s, l)Or qne enti L t.>lhts y 1,u , hai <:;s,1, ·t • mo~1ia 111ist c·rirnn , ¡.;a, comu– ni ¡.1 d ju(> finiole que ha estaulecido Dios enti G f- u e, creaciones delicadas. Amas á t u qt,ericlo, por que sientes esa ne– cesiclaci casi divina de los espíritus an– gelicados, de armonizar sü corazon á otro conizon, su pensami ento á otro pensamiento, su (lestino á otro destino, su vida á otra vida, ¿por ti? nó, tu no amas por ti misma, como los espíritus vulgares: amas para 1a felicidad del ser amado' IIe ahi tu amor, el amor de Dios sobre la tierra. Rl a.mor sublime, santo, de abnega– cion y le sacrifieio, ese es el tuyo, di– vinidad sin alas. ¡Oh! si alguna vez hu– biera yo cortado con una so1a palabra, los luzos que no s ligan á las preocu– paciones soci8:les, dicíendot~: "Teresa, síaueme en mi vagamunda vida de pros– crito '' tú, alma del alma mia, ht1.brias con~igo atravesado los desiertos, ó sen– tada en mis rodillas, sobre la popa de un bajel, te habrÍfl:S dormido en mis ~ra– zas feliz y trn.nq111la, al arrullo del vien– to y de las ondas; _y tl~ Dios, ~u mun– cl o, tu pátria_ habna. sido . ¿qmen? tu querido. Habr1as segmdo m1 suerte, su– friendo contenta todas las veleidades d'3 mi estrella;_ y si el drama de mi vida se termmara en un cadalso, cuando yo hubiera p~sado _de él la s~– gunda grada, tu habrrns pisado la pri– mera ¿no es ve~da~, Te!esa? Y en el cielo irías toclavia a decirme: te amo; ¿no es verdad, bien amada de mi co- 'razon? Pero quisimos respetar el códig) de las aberraciones sociales ¿ por quien ? ¿por tí? ¿por mí? no: por la socie<lacl misma, y ....yá. estamos separados. La sociedad nos agradece este sacrificio; el mayor de los sacrificios humanos. ¿A– plaude nuestra virtud? no: sin embar– go, ella habria descargado su anatema sobre tu nombre y el mio, si la, hu– Lieramos dicho: "no teneis derecho de esclavizar el destino de dos seres libres." (Continuará.) Aceptamos gustosos la invitacion que nos hacen los SS. HR. de "El Siglo" para que mutuamente critiquemos nues– tras produceiones. No desconocemos las grn.ndes venta– jas qué r esultftn <le LL discusion, pues, bien sabemos que esta produce opímos frutos, cuando se lucha t..n d eamJ_Jo ele la decencüi y cua,udo la1:-, armas que se esgrimen no manchan, en numera al– guna, el honor de los lidiadores. 1a.mpoco desconocemos que somos no– veles en el arte de escribir, razon mas que sufi iente para que nuest.:.-a s pro– clucc.:iones contengan algunos ' ri-ores. Ciertamente, no espt;ráhamos la lec– cion que no~ h a 1 q ucrid.._, l ~ · , r lu' S i' . HH. ue "El ~ icrlv;" pern 2'!! 1 r¡ lJ1 L, St:1lt1t, en J.JUes~ro ('t1mino, no la, de~;rl e– üamos, por que Bentiruos en nosotros necesidad de conocimientos. Autorizados, pues, como estamos, da– mos hoy principio á nuestra pobre pe– ro justa crítica , desechando toda pa– sion mezquina y no dejando correr nu0s– tra pluma 1:!Íno al impulso de sentimien– tos nobles y generosos; porque sea di– cho de paso: en todos los actos de la vida nos ha presidido el espíritu de cal– ma y refleccion. El número 6 de "El Siglo" tiene mul– titud de errores; ora de Ortografia, orn gramaticales, y lo que es peor, aun, en el mismo artículo en que se nos crüí– ca. Esto nos induce á devolverles muy sinceramente sus pala.bras: En esto hay 7.¿na de dos cosas: ó un desc'ládo coniple– to en los encargados de corregir, ó: igno– rancia del idioma, tanto en los correcto– res como en los a1¿tores. Juzga11ws q1,¿e ambas cosas existen.... ....................... . Dice "El Siglo:" Hoy debieramos em– pezar á hacer la revista del número 6 de "El Recreo" &.ª &.ª y concluye esa parte, diciendo_:· Guerra leal exij e noti– ficacion. · No os encontrais con adversarios me– nos nobles que vosotros, y por nuestra parte, tambien queremos preveniros; por– que contestar con golpes á una preven– cion, seria una felonía nuestra. Pues bien, estamos en guardia! Preparaos vo– sotros, porque á nuestra prevencion si– gue el ataque, no un ataque rudo, si– no gu~rdando las reglas de los leales contendores. 8in cmbitrf ,1, 1m.i:"1 va.cion es gen erales. t, ¿Con qué ortografía se escribe en "El Siglo," con la española ó con la ame– ricana? Nos es doloroso decirlo. Con ninguna. Porque es una mezcla repugnante la que hacen. ro nos d jará desmentir el número 6 de dicho periódico. En materia de poesía, les recomen– damos que midan mejor sus versos, que les den mas animacion, que escriban con mas sentimiento, que se fijen mu– cho en los acentos; porque á la verdad los hasta ahora escritos nos hieren de– sagradablemente el tímpano. Y para que nuestra asercion no que– de desairada pondremos un ejemplo: Brazos abiertos, inclinada Frente De punzantes espinos coronada, De pies y manos en la Cr uz pendien te Por nuoEitras culpas todo destroza.da: ;Vi ctinw cwg1M,ta,, Martir inocente! Oye á tu pu eblo triste desolada, Llamarte humilde siempre en sus dolores Hijo ele Dios, seüor de los Temblores. En esfa octava hay una falta grnví– simRi de concordancia, por lmsca1· un consonante y acomodarlo á cualquier precio, veámoslo: el adjetivo destrozaclc¿ o cal\fi~a, á Fre1~te, porque entre las d )~ 11c UL,, ' R~ 1'1 erpono un pon sa– lllÍc uto cabal, ta,1 L~ • f), • ?J : ,•• i: y m"no.~ en le¿ Cru,z p ell d iente., cu1-1 ci ·11e,1,J ,,.o puede concertar. EntonceH á quien ca– li:6 e, ? A Victime¿ a'ugusta? nó, porque es mm, cosa muy distinta, es otro pen– samiE:nto aparte. Y osos dos puntos allí ¿qué significan? qué dicen? Anuncia.u que el autor tiene su ortografia particular. Y el a(1j etivo desolada? á quien califi– ca? á Victima a'Ug'ltsta? nó, por la razon ya dicha de que existen pensamientos muy distintos entre las dos palabras; entónces calificará á pueblo. iY pueblo desolaclal Si todo un día corremos detras de un consonante y luego que lo conseguimos lo metemos de grado ó por fueza don– de mas nos convenga, ¿ á donde iremos á parar? Y para no ser menos galantes que los SS. RR. de "El Siglo," concluimos tambien con la presente anécdota: Estaban reunidos varios caballeros, y . entre ellos babia uno que era poeta y otro que ln, echaba de tal. Prnnto ro– dó la convorsacion sobre poesía, y to– dos pidieron á este último que impro– visara un vei·so. Pidió inmediatamente el tema de su improvisacion. A la sa– zon estaba allí cerca una araña muer– ta rodeada, de hormígas, y todos la se– ñalaron, diciéndole que ht;tblara sobre el particular. Juanito, que asi · se llamaba nuestro hombre, sin hacerse remiso dijo así: Oh araña qi¿e con tus largas zancas Eres arrastrada por las hormigas blancas. ~~;--==-==:=,,.,=-=~==-= · ===-=== )if?~ ====·-======--::==========:== ===== = =..e===============~

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