El Recreo

~ 58 Haces mi voz resonar. Llena el alma de amargura Derramarla yo quisiera, En un canto que dijera A los cielos mi dolor. Mas ¡ay de mi! que me ~bruma Un profundo sentimiento: Es el lejano lamento De mis recuerdos de amor. Débil y triste mujer Adormezco mis pesares, Entonando mis cantares Fatigada de llorar. De mi lira los acentos Son ¡ay! las quejas sentidas, Que del alma desprendidas, Van el espacio :;i Gruzar. Pqr eso yo solo canto Como el ave funeraria, Que 011 la noche solitaria~ Amenaza el aquilon. · En mis cantos -no hai el eco De los placeres sentidos, Si no profundos gemidos Que nacen del corazon. II Yo ví en la prader9¿ La rosa galana Que bella y lozana Se alzaba gentil. iías luego en la tarde La YÍ marchitarse, Y mústia inclinarse Al aura sutil. Asi marchitada Llevéla á mi pecho, Y en llanto desecho Le habló el corazon: "Tú sola revelas Mis penas, mi suerte ...... ¡Asi ví . yo inerte Mi dulce ilusio.n! Yo tuve en un tiempo Tu altiva arrogancia, Tu dulce fragancia La tuve tambien. Y luego en el mundo Marchita y llorosa, Miré pavorosa Perdido mi Eden." III El velo de la verdad Corrido estaba á mis ojos, De las flores los abrojos Yo no creía encontrar. El pasado era un sueño, El porvenir un encanto, Color ele rosa era el manto Que vi en la mente brillar. Ni las dudas ni mi llanto Marchitaban mi mejilla Era un fruto sin mancilla El que yo ví florecer. EL RECREO Asi mis años pasaron En un mundo todo ideal, Y esa creacion celestial La YÍ desaparecer. ¡Cuantas veces su recuerdo Alivio trajo á mi duelo, Mitiganclo así el desvelo De mi largo padecer! ¡Cuantas veces solitaria Esperé la luz del dia, Para calmar la agonía Que devoraba mi ser! De esos años el recuerdo Es para mi triste vida, Lo que la selva florida Al perdido cazador. Es la sombra cariñosa Que mis penas adormece, Es la luz que resplandece En el cielo del amor. En vano persigo ahora La suave luz del lucero, Que en nn tiempo lisonjero Alumbró mi soledad. Solo pesares encuentro De mi vida en el camino, Que me arrastra el torbellino De triste fatalidad. Asi el corazon en duelo Vá á su destino inclemente, Dejando sobre mi frente La sombra de su pesar. Y yó matizo de flores La huella de mis pesares, Y dó cone el llanto á mares Hago la dicha brillar. Y el alma triste, el desierto Vá pasando de la vida, Escuchando conmovida Los ecos del corazon. Murieron yá para mi El encanto y los amores, La esperanza en sus albores Destrozó ya el aquilon ...... JJiercecles Cabello ele Carbonera. Lima, 26 de Noviembre de 1875. LA CRUZ DE SACSAI-HUAMAN. (1) ( Trad-icion.) I Aquí, lectores de mi querido "Recreo," voy á referir á ustedes una tradicion fun– dada en datos auténticos de pl'incipio á fin: pues encaprichada en revisar y cle– sempolvar pergaminos de mas grandes ó mas chicos garabatos, algo he de sa– car en provecho de las crónicas ele nues– tra tierra. (1) El Rocladero, cerro qiie clom'Ína la cii¿clacl clel Ci¿zco. Era pues el aúo del Señor e 1701, en que figuraban con reales preeminen– cias sus Señorias D. Diego de Navia, D. Rodrigo de Mendoza y D. Felipe Jo– seph de Toledo, bajo la inmediata vi– gilancia del Corregidor y Justicia Ma– yor, General D. Joseph de la Torre Ve– la, de la Onlen de Calatrava; y cuan– do la imperial Ciudad del Cuzco cele– braba Reales exequias por el difunto , Rey D. Carlos Segundo; se echó á an– dar por estas antiguas calles de los in– cas el venerable l?Llidre Fray J mm Ta– deo Gonzales, de la orden de prechca– il.ores. El tal Padre Gonzales, era oriundo ~ de Paucartambo, varnn de virtud no vul– gar, inocentísimo y humi1cle como un cordero. Agréguese á esto un personal que á no haber siclo el hábito, estaba llamado á representar grnndes hazañas en los salones de Venus, y se compren– derá focilmente la aficion aue el demo– nio llegó ha tener por varon...tan insigne. Cuenta pues el pergamino á que me refiero, que el Demonio, amigo de bur– larse de toda gente escrupulosa y faná– tica, se la tomó con el P. Fray ~ a,deo ejercihtndolo de todas las maneras que su instinto tentador le sngeTia. De con– tinuo se veia en la calle al P. Gonza– les declarando lucha abierta á su ma– ligno perseguidor, combatiendo con el báculo que llevaba á causa de su vejez, y con el que por cierto no lrnria gran daüo al tentador, cuyo cuerpo debe ser muy flexible, pues nunca he oido tra– dicion de que al diablo le hubiese roto las costillas ninguna paliza, ni cosa pa– recid11. Tambien dizque el habitante infernal se encajaba con frecuencia en el seduc– tor cuerpecillo ·de algun a hija de su madre, para presentarse ante su Re– verencia cuyas miradas cautivaba. Aun que esta es cosa algo iuverosimil en la edad de _F!ªY Juan Tadeo; pero, vemos tantos VIeJOS ...... y tantas libertades se 1 tomaba Lucifer en aquel entonces, que esto y mucho mas podia haber obrado, Cierto dia, se acercó al Padre Gon- 4 zales una bella dama pidiendole lama- ¡'· no para estampar en ella con todo res– peto, sus sonrosados labios. F :r.ay Juan Tadeo conoció ó sintió que en el cuer- po de aquella linda moza se encontra- ba su morta,l enemigo, acudió al in– ~enso acópio de jaculatorias que tenia, 1mplornndo la asistencia de todos los Santos del Cielo, pero viendose casi der– rotado, dió un gentil garrotazo á la cor– tesa1:1a ~eüora. Tan _violenta medid.a, le ocac10~0 la suspens1011 de oficio, y un pequeno proceso que terminó con el perdon que la hija de Eva le otorgó. Tan cruelmente atormentado Fray J ua? Tadeo por el e~emigo á quien no h.abia dado ma_s,, motivo que el de ser virtuoso, resolv10 no salir de su conven– to y pasar el resto de sus dias ence·r– rado en frecuente oracion. ·~===================~~

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