El Recreo
-~ 58 EL RECREO ~ ==H=a=c=es=m=i=v=oz=r=·e=s=o=n=a=r=.=====~==A=s=i=m=i=s=a=ñ=o=s=p=a=s=a=r=o=n=====~~==E=1=·a=1=n=ie=s=e=l=a=ñ=o=d=e=l=S=en=_=or=d=e=l=7=0=1, 1 Llena el alma de ama1·gura Derramarla yo quisiera, En un canto que dijera A los cielos mi dolor. Mas ¡ay de mi! que me abruma Un profundo sentimíento: Es el lejano lamento De mis recuerdos de amor. - Débil y triste mujer Adormezco mis pesares, Entonando mis cantares Fatigada de llorar. De mi lira los acentos Son ¡ay! las quejas sentidas, Que del alma desprendidas, Van el espacio á cruzar. Por eso yo solo canto Como el ave foneraria, Que en la noche solitaria.., Amenaza el aquilon. ·, En mis . cantos no hai el eco De los placeres sentidos, Si no profundos gemidos Que nacen del corazon.. II Yo ví en la pradera La rosa galana Que bella y lozana Se alzaba gentil. Mas luego en la tarde La ví marchitarse, Y mústia inclinarse Al ama su.til.. Asi marchitada Llevéla á mi pecho, Y en llanto desecho Le habló el corazon: "Tú sola revelas Mis penas, mi suei·te ..... , ¡Asi ví yo inerte Mi dulce ilusion! Yo tuve en un tiempo Tu altiva arroganGia, Tu dulce fragancia La tuve tambien. Y luego en el mundo Marchita y llorosa, 1":iré pavorosa Perdido mi E den." III El velo de la verdad Corriclo estaba á mis ojos, De L s flores los abrojos Yo no creia encontrar. El pasado era un sueño, El porvenir un encanto, Color de rosa era el manto Que vi en la mente brillar. Ni las dudas ni mi llanto Marchitaban mi mejilla Era 1 1. 1 fruto sin mancilla El que yo ví florecer. En un mundo todo ideal, en que figuraban con reales preeminen- 1 Y esa creacion celestial cias sus Señorias D. Diego de Navia, La ví desaparecer. D. Rodrigo de Mendoza y D. Felipe Jo– seph de Toledo, bajo la inmedi1;1,t1;1, vi– gilancia del Conegidor y Justicia Ma-. yor, General D. Joseph de la Torre Ve– la, de la Orden de Calatrava; y cuan– do la imperial Ciud~d del Cuz.ca cele– braba Reales exequias por el difunto Rey D. Carlos Segundo; se echó á an– dar por estas 1;1,ntiguas calles de los in– cas el venerable Padre Fray Juan Ta– deo Gonzales, de la orden de predica– dores . ¡Cuanta.s veces su recuerdo Alivio trajo á mi duelo, Mitigando así el desvelo De mi largo padecer! ¡Cuantas veces solitaria Esperé la luz del dia, Para calmar la agonía Que devoraba mi ser!. De esos años el recuerdo Es para mi triste vida, Lo que la selva florida Al perdido cazador. Es la sombra cariñosa Que mis penas adormece, Es la luz que resplandece En .el cielo del amor.. En vano persigo ahora La suave luz del lucero, Que en un tiempo lisonjero Alumbró mi soledad.. Solo pesares encuentro De mi vida en el camino, Que me arrastra el torbellino De triste fatalidad. A.f3i el corazon en duelo Vá á su destino inclemente, Dejando sobre mi frente La sombra de su pesar. Y yó matizo de flores La huella de mis pesares, Y dó cone el llanto á mares Hago la dicha brillar. Y el alma triste, el desierto Vá pasando de la vida, Escuchando con.movida Los ecos del corazon. Mmieron yá para mi El encanto y los amores, La esperanza en sus albores Destrozó ya el aquilon ..... . , ................................. , ..... -.. ...... . 1',,f ercedes Cabello de Carbonem. Lima, 26 de Noviembre de 1875. LA CRUZ DE SACSAI-HUAMAN. (1) ( Tradicion.J I Aquí, lectores de mi querido "Recreo," voy á rnferir á ustedes una tradicion fun– dada en datos auténticos de principio á fin: pues encaprichada en r evisar y de– sempolvar pergam¡nos de mas grandes ó mas chicos garabatos, algo he de sa– car en provecho de las crónicas de nues~ tra tierra, (1) El Rodadero, cerro qi:,e dom,ina la áudad del Cuzco. El tal Padre Gonzales, éra oriundo de Paucartambo, varan de virtud no vul– gar, inocentísimo y humilde como un cordero. Agréguese á esto un personal que á no haber sido el hábito, estaba llamado á representar grandes hazañas en ~os s~lones de Ven1-:s, y se cornpren– d~ra facilmente la afic10n que el clemo– mo llegó ha tener por varan tan insigne. Cuenta pues el pergamino á que me refiero, que el Demonio, amigo de bur– larse de toda gente escrupulosa y faná– t~ca,. se la tomó con el P. Fray Tadeo eJer?1ta~dolo ele todas las maneras que su mstmto tentador le sugeria. De con– tinuo se veia en la calle al P. Gonza– les declarando lucha abierta á su ma– ligno perseguidor, combatiendo con el báculo que llevaba ~ causa de su vejez, y con el que por cierto no haria gran daño al ~entador, cuyo cuerpo debe ser muy flexible, pues nunca he oido tra– dicion de que al diablo le hubiese roto las costillas ninguna paliza, ni cosa pa– recida. Tambien dizque el habitante infernal se encnjaba con frecuencia en el seduc- tor cuerpecillo de alguna hija de su madre, para presentarse ante su Re– verencia cuyas miradas cautivaba. Aun que esta es cosa algo inverosimil en la edad de Fray Juan Tadeo; pero, vemos tantos viejos, ..... y tantas libertades se tomaba Lucifer en aquel entonces, que esto y mucho mas }Jadia haber obrado. Cierto dia, se acercó al Padre Gon– z2.les una bella dama pidiendole la ma- no para estampar en ella con todo res– peto, sus sonrosados labios. Fray Juan Tadeo conoció ó sintió que en el cuer- po de aquella linda moza se encontra- ba su mortal enemigo, acudió al in– ~enso acópio de jaculatorias que tenia, implorando la asistencia de todos los Santos del Cielo, p ero viendose casi der– rntado, dió un gentil garrotazo á la cor– t esana Señora. Tan violenta medida le ocacionó la suspension de oficio, y'un pequeño proceso que t 01·minó con el perc1on que la hija de Eva le otorgó. 11.an cruelmente atmmentado Fray J ua~ Tadeo por el enemigo á quien no h:1bia dado ma_s motivo que el de ser virtuoso, resolvió no salir de su conven- to y pasa1· el resto de sus dias encer– rado en frecuente oracion. '~=======~==================== .. ~
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