El Recreo

~ EL RECREO 51 ~ ================,===================e================ ordenó que ·le llamasen un médico y un ·I escribnno. El primero lo deshaució de– l mostrando que tenia nna mortal fiebre al cerebro, y el segunclo dió fé ele que todos sus bienes, dejaba á la Compañia d0 J esus. ¡Tan positivos fueron los frutos ele la coufesion de Zelenqne. ! IV il Tres dias despuer, se ce1el>raban so lem– ;¡ nes exequias en el hermoso y momnnen- 11¡ tal templo ele La Compañia, en honor del que fué ZeJenquc, merced á la caridnd ¡I ele los jesuifas; con asistencia dol Co– i! rregidor Don Diego ele Guzmfrn Córdo- 11 va, el provisor Licenciado Don Fran- 1¡ cisco ÜR.lderon de Robl s, todas ]as Cor– [1 poracioues y Cabil do Eclesiastico ofici.an- clo el cura de Be1em J n1üm Percz do Bocanegra, y dos Padres J e snifas . (3) Su cadaver embalsc1,ma\lo ha sic.lo con– strvado hasta nuentros días, y e l Obis– po Don Manuel -Tufo]lineclo hizo colocar 1 en nn costado exterior del coro d(~ la j Catedral el cuadro que contiene esta historia. - ,, :¡ VII Los Padres J esnifas convinaron pues esta. trn.j i-comeclia, el onde se desempe- 1 ña,·on con la heubiliclacl qne les era ca– ntcterístic::1., siendo el pobre Zelenqne la victima de aquellos hombres ambi– ciosos que no perdian oportnni.thd ni ' perdonaban medio para, acrecentar sus riquezaR . Aqul carícimos lectores, se me ocu– rre relatar la glosa que en 170:Z can- 1 faba la plebe del país, cambiando so- 1 I 11 lo una palabra. Los Jesuitas del C-uzco S::tlicron con lucimiento, Hicieron lo que dehiaD, Per o de ben lo que han h echo. Y p8.rn ponP:r m-i pnnto fioal, me val– dré t1 e las palabrn,s cl::ll poeta popular ele nnrstro sigld citado al comienio . / Aqui yo · nada d.e nuevo i nvento Como me lo contaron te lo 9.110nto . ÜLORIND-4-- JVI. DE TURNER . Tinta, Abril 3 de 1876. EL CALVARIO. (TraclLcion Díblica .) Era, una tarde. J:T nbes densas y t e- 'I !1 n ebrosas envolvian con su ma,nto la bó - 1 veclni jigantesca de los cielos, en los 11.10- I mentos en que 18" luz apagaba sus ra- 1 yos sobre el zenit. E l universo suspen- clia entónces el curso de sus astros; to– do parecia quedar inmó,:il _bajo las .ins– piraciones de un n,contec1miento rrnste- (3) La refiere el P. Calancha ' S. 3.ª S lO. rioso; y hondas impresiones esperimen– taba la naturaleza, cercada de un asom– bro que la hacia detener su canera maravillosa, á semejanza del viajero que en su camino se hubiera sobreco– jic1o de espanto á vista ele un gran crimen, segun la espresion c~o Poujou– lat. El pueblo judio se movia por todas partes, bajo el impulso del gmn acon– tecimiento que se preparaba; t odo ern ac1mirncion y espanto, mientrns que en los destintos de la humanidad se clesen– volvia el drama bíblico ele la reclencio11, anunciado por mil profetas y consigna– d.o yt1i en fas pájinas santas del EYan– j elio. E l munc1o iba, pues, á, recibir la con– mocion religiosa que auguraba el apa– recimiento del cristütnismo. La rege– neracion del hombre á b vida de la gracia era el g 1 _·8in pensamiento que le. Divinidad había, concebido pairn, sciJisfa– cerse ella misrrrn la espiacion c1el peca– do quo debía pest1r sobro nosotros en los misterios do un munclo hasta hoy desconocido; y h lrnmanitlad en los pri– moros momentos de sn existencic.~ reli– giosrt, clobia prcsenciar el crimon de los ti!:;rnpos, clebia envolver en los s~r– cn,smos ele su :indiferencia el sacrificio del HomLre -Dios, la inmolacion tlel Cm– cloro sin mancha, segun ol pensamien– to de la Iglosiro. ~ ¡Qué maravillosru se nos 1wcsenta la rodencion do la lmmanic1ad! El universo vacib en er:,os momentos : el mnnclo mo– ral er,trmwa en sus destinos el olomcu– to irn1cst/ncti1le de su rejenoracion; pe– ro entrn tanto un pueblo ern:mte, hoy sin pá.tria y desventurado, presencia Gil una roca lúgub1·e el sacr.i.frnio de la re– doncion, l.mjo la funeraria toca que ve– laba la faz del universo. Enlutad.a y somb1·ia, la creacion, no presentaba sinó ln, imagen del espanto, fúnebre como el suplicio que contempl8aba, inmensa y solital'ia como ]a agonia que la ltln.– dre ele Dio.s osperirnentaba al mira1· á su Hijo en el Calvario. Llega la hora soüa,lada pm fa Divi– nidad. Una nota lúgubre, una e7pre– sion misteriosa se deja sentir en los labios trémulos del que eGpira en fo, cruz: su primer acento es implorar el perdon para la humanidad. Bn vano la espectativa tumultuosa de un pue– blo desenfremtc1o quiere apagr:u· 18, gran– deza y sublimidad que se dospronc1en de la cruz: s1-.1 e.fig.i.e santa dobin, Sel' mas t11rdo la rGliquia de los tiempos; y ese apocali1Jsis del Gólgota,, c1esatenc1id.o no1· entonces, era lu, obra mas completa de la humanidad y la fuente mas pma del cristianismo y los Ev[tnjelios. Pero el sacrificio c1ebia consumarse; el Ho mbre-Dios iba a 1ava1 ... . con su san– gre los pecaa.os del mm1.do; y hó aq_ui que muere entre los sarcasmos de nn puel.Jlq ébrio de _furor, dejando en la creacion inmensa una n oche indefinida de lagrimas, es cierto, •p ero tambien es– tableciendo la salud de las almas, y el cimiento mas imperececlern del cristia– nismo. Hé a1lí el calvario! ¡hé allí el sacri– ficio del hombre por el hombre! Entre tanto, l\faria, esta virgen de Isra,el, jime al pié c1el Gólgota sangrien– to, bajo los impulsos clel pesar que tor– tura su corazon. Ella llül'a el sacrifi– cio do su hijo, es ciel'to; p ero se con– muevo tamLien por la humanidad á quien tiene que volar con el carácter do l\Iac1re, que se le ha confiado des– de la Cruz . Virgen Santa! ella es des– de ontónces el auxilio de los pecado– res, el consuelo de los aflijiclos! ella es tambien en el mundo l\Iadre nuestra. ¿Quien no se comnueve á la vist?. de un espectáculo tan tierno, como el que nos ofrece María al pié de la Cruz? Imágen del dolor, ella revelaba la ama.rgura que r..jitaba su existencia al contemplar á su hijo sobre el gran es– cenai·io ele la rcdencion: ella ajitaba en , el alma dos scmtimientos distintos; ella · hacia .el sacrificio de la Madre que con– siente en inmolar el fruto mas queri– do de su cor::tzon, parPu salvar de este modo á otro hijo clesgraciaclo! ¡Qué contrariedad tan sorprendente! El ánjcl del infortunio habir~ batido sus alas sobrn esa· mujer rnbornsa, que es el templo del Seüor, como la ha ape– llicfac1o la Iglesia; pero enlutn,dr", y sin– tiendo dentro de si bs convu1sionBs hor– rendas del pesar que atormentabo" su ,corrvzon, ella se presenta entónces co– mo el signo ele alianza entre el hom– bre y su Hacedor: el1a, .quería unir sus relacionés con la Di-vinidr,d, haciendo que los pecados del mundo fuenm á la– varse on la fue11tv prodijiosa del Cal- vario ............. .... . Madre de benc1icion! tú que has que– rido al pié de 1a c1·uz adoptar por hi– jo al jénero humano; tú, Vfrgen pura, que anuncias la felicidad eterna, no ol– vides g_ ae te hé llamado l\fadre mia! por que miro en tí la esperanz a mas grata de un mundo invisible. Jacinta, Pefícb, (Ecuador.) UNA LOCA- Quien. es e~a pobre muchacha que sentada mmovil, apoyando su mejilla en ,ma mano parece la estatu¡:¡, del c.~olor? Sus miradas estraviadas, indife:rentes .fi– jas, la mortal palidez de su rostro 'sus faccion~ descompuestas y lívi<las, 1~ pro– funda reconcentracion de su alma; to– do revela. en ella un inmenso dolor algun mal que no tiene remedio. ' N~ vierte una lágrima, no exala un suspiro, no murmura una queja; pero está taciturna, sombria como la deses– peracion. Nacla puede distraerla Quien es esa pobre?-Es Julin, la pobre loca. Pobre niña, cuánto debe sufrir! es– tá, mustia como los sauces de un ce- ~========================~

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