El Recreo
50 Zelenque como era natural\ á lucir su favorecido personal y cautivar las mi– radas de las Sílfides en tan concurrido lugar, destinado casi exclusivamente á ostentar la riqueza, elegancia y beldad. Las ca11es estaban intransitables por la muchedumbre: en fodas direcciones se encontraba la vista con veudcjas de fru– tas, meriendas. frituras variadas y el teccte, bebida esencialmente cuzqueña. Cuando E-1 jóven Ze]en<1ue pasó ntrayen– do la a tencion ele todos, gallardo, nfa– naclo, ricamente vestido y con mages– tuoso porte. La proseci on no tatdaba en llegar al puente q ne s0pu.rn 1R cju– dacl de la parroquia, pnnto temido por, los cargadores de la pesada y volnmosa ancla, por que la concurrencia estrecha su anchura, y por que los devotos cftr– gadores han siclo ya mal reforzA.clos por los diforentes licores y 1R- chicha, q ne los asistentes les prodigan. La tardo de q1,.1e lrn.blamos, llegó 1a anda á este lugar p eligroso y comenzó á ladearse tanto qne la gritería, ]ft al– gaz&.ra y confusion de la multitud em– peoraba la situacion que todos á -la vez querüm salvarla, sin conseguirla ningu– no. En tal actitud se presenta el biza– rro jóven Zelenque qne estaba cerca, i– mitan su ejemplo vários jóvenes decen t es, y sal van el conflicto. rroda la fama y r en.orn.lJre que debía, adquirir por este h echo el Seílor Ze– l enqne, fü:! mny fác;il de concebir. La noticia corría de b oca en b oca acom– pañada de_ mil elojios, y fa voladora Fanrn se encargó de comunicarla á los pueblos mas r emotos, y todos comen– ½aban á sentir particular aprecio h<Ícia el joven que fal hero1smo habia reali– zado !E.1 tanta la fuerza de 1as ideas fanáticas! - IV Era el jueves ó viern es Santo ele 1618 y el incrédulo j oven Zelenque se bur– ló con sarcásticas chA.nzas de 1os ofi– cios que la iglesia celebra en tan res– petables dias. el) En su noche, fué presa de una pe– sadilla, de un fatídico, sueño en el cna1 oyó mucha bulla y algazara como de inmenso gentío que pasaba por la puer– ta de su casa. Aquel extraordinario al– boroto, movió á Zelenque á salir de. sn casa y preguntar la, causa de la voce- 1ia. !Qué¡ dijo una do las siniestras fi– gu_ras, tú solo eres tan huesped en esta Ciuda,d que .ignoras qne todos so– mos llamados al Colegio de la Oom– paüia donde se pronuncirán graves sen– t encias sobre muchos. Vé con nosotros, no sea que por tu ausencia padezca, to– da la Ciudad notable daño." El hombre se vió forzad.o á marchar EL RECREO y una vez llegada la multitud al re- · ticioso é ignorante, ll evando ú mas 1a cinto de la Compañia, vió Ze1enque el preocupacion de su sueño, no opuso re– templo iluminado con 1,rofucion, y va- sistencia. ni habló una palabra: el sus– ríos tronos, uno ele elfos al centro de to heló la sangre en sus venas, quitan- las alas que formaban los otros: en él elole el habla. _ estaba sentado J esús el ~n.zareno y á A mérito ele las enormes te::1s encen– su derecha su sacratísima madre, ante elidas que los fantasmas 11evaban, pu– .los cuales se presentó el Demonio de do distinguir el infr.1iz Zelenque, las fi.– ac usador de muchos. Al ver á Zelenque, sonomias horripilantes de estos seres que hizo una relacion ele su vida r elajada, no los crei3, humanos, pues tenian enor– de su impieclad y demás graves culpas mes cnernos que sob resalían de grandes aleganclo que no era posil,le la eo1wer- y enrnlachs cabel1cras de colores repug– sion ch .. e"ste hombre fan p ecador y que nantes : cluoños d e alas de murcielago se hacia necesario que snfriése el ~·as- y patn s de aves de rapiíla, despedían tigo nrnrecido por tan grn ves delitos, un h edor sulfuroso insoporfabl e. sobre todo por el mal ejemplo y escán- Y a es tiempo dijo uno de ellos, que pa- dR.ios que daba. recia el j efe : · tiE>mpo si , de qu e vayas E1 Salvador iba {i, pronunciar su sen- 6, donde tu obstinftci.on y delitos to lla– tencia, cuando María su divina madre man pe nador contumaz y rebelde.'' Los interced ió por Zelenque recordando qne otros emi:sarios se disponiftn á cnmp1ir era devoto suyo, y qne no so1o lrnbia 1a órden, cuando ele improviso se 11re– h 1.;cho caridad cuando le pecli.an implo- sentó un h ermoso jóven cnya b ell eza con– rando su nombre, si qne tambicm fné trastabft ce,n 1a fastidiosa fealdad de los 81 salv:ulor de su ftncla en la "ida de demonios, y que estabn. vestido con grfL– Belem" Ofreció pnes que se confesaría cia y lujo llevando ftlas de nacaradas y que sn conven;ion seria verdadera . plumRs y despidiendo un balsámico re– Entonces se llamó á un P. Jesuita, parr-tdor aroma. (l\Iartin ele Campos) y se confesaba "Deteneos negros sayones,'' gritó e] Ze1ongur cuando atemorizR.clo con la e- simpático jóí•en: mm es tiempo ele que normidacl de sus propias cu1pas qne has- se arrepienfa Ze1enqno. Y o soy el An– t::i entonces nó las habia rememorado, j el de s u guarda, ~n custodia me fué despertó njit::iclo, confundido y sobresal- confin.da, y no os llevarefo tan facilrnen– tado. L1arnó á sus criado~y despues ele t e su espíritu ní su cuer"po; por qne r eferirl es el sueño horrihm- qne lo ha- aun podrá confrsarse y enmendarse." bia atormentado gran 1,arte ele 1n, no- Los demonios ó cornicio11ados .infer- che, les encargó que no lo abandonasen na.les no pareci.;:in querer a'oancloriar su , hasta el arn2..necer. rrn.n pronto como presa, a JJesar del respeto y tem(!r qne despuntára el alba salió de su casa con e1 ánjel les inspirára y el jefo elijo: "Oh, 1 el fi rme propósito de confesarse y cam- so1o que en este momento so confesa– bi.ar de vida; p ero el encuentro con sus se, y lo qne es rnny dificil"- Facil es, a migos y la:s burlas del sueño que lo argnyó el ánjel defensor: a mi voz se atemorizó, lo alejaron nuevamente de abren todas las puertas y Zelenqne ha– su resnlocion. (2) 11ará un confesor, traedlo á este inrne- Los chasquis [correos] venían confir- diato t emplo." ► mando la muerte de varias de las ver- L qs fljentes de Lucife.r condujeron en sonas q ne Zelenq-qe vió en sn fatídi- brazos y casi exánime ~ l infe1íz peca– co sueílo, y la suya se ver ificó u n a- cador, a la rrnerta de la iglesia de Lo– ño despu es dan<l.ole tiempo pit.rn el a- reto, qne corno es sal)itlo, solo dista ca– rrepentimi.ento. Hé aqní como ha con- torce pasos de la cRsa ele Zelen.qne. A , servado Ja tradicion por su parte tan los pocos golpes se ab::-e ]a puerta y · nofable sucesu. 1wegnn ta poretero la, cn.nsa de ]a, 11a– _v U na de las semanas ele cuaresma de 1619 se retiraba Zelenque en altas ho– ras de la noche, de una de sus acos– tumbradas orjin,s, donde no eran medi– das por cierto las livacion~s en h'Jnor de Baco, ni la devocion á Venus: pa– rado en la puerta de su casa, y dispnes- · to á tocar el llamador, vió que se le presentaron cuatro ó seis sayones d e es– pantosn, figura y hércúlea musculatura, tomnndolo_ en seguida de ]os brazos. Ze– lenqne no carE:tia de valor p ~ro super- mR.da.- Se necesit ::1.- un confesor contes– tó el ángel, pa.ra un grF1.ndc pec::tdo r que bien pronto se -verá ante sn :Ojos. El templo estaba iluminado, y se re- 1 pitió con toda minnciosiclF1.cl lo que un año· antes habin, soñado Zelenqu0. El Padre que s::1lió á confosR-rlo; fue el mis– mo 1\Iartin de Campos en 11erso11ft . Los demonios habían huido dnrante la confesiou dejR.ndo tras si el asficcian– te hedor inf01:na l, y momentos <lespues foé Zelenque conc.1ucillo p or sn ánjel cust~dio á la 11uerta de su ca.sa , donde le luz?,. una enérgicR. exortacion y des- ·• aparec10. Fue preciso entonces que el portero (1) Lo dice el P. Outreman en su "Pe- (2) Hasta a-qni hemos r~ferido ca- de Zelenque lo llevase en bnn.;os á su dagogo Christiano" t. 1 ~ Cap. 14 Sec. 1 ~ si al pie de la lefra la relacion del cama, por qne t'n tan cortos morñcm– no-º 6 refiriendose al P. Martín de Cam- p, Felipe de Ou,trenwn que la confinna t~s habia perdido toda su fuerza y ener- t pos tambien J esuita,1;- Carta de 9 de Mar- el P. A-ndrade en st¿ "rTENEilARIO gia. zo de 1620. HIS'l'ORIAL" Sec. 3 párrafo 4. Refirió el suceso á sns sirvientes y ~===================~ •
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