El Recreo

ll ~ 38 tunidad de magníficos resultados en el porvenir. Ciertamente en el ÜLlzco ha estado, en su mayor parte, desatendido el cul– tivo <l.e la literatura, sin ernbrgo de los inagotables emporios que ha podi– do explotar una competente imajiua– cion y delicado gusto, debiendo e esta f'iüta al poco ó ningnn intercs que se ha tenido por fom.entn.r publicaciones de la naturaleza de "El R ecreo." Apenas nos q necla.n como monumen– tos de trabajos de ' este género, y que para nosctros, son prendas inestimab1eR "El Musro Erndito ;" 11110 que otro uú~ mero de "El l\fori cli011a1," y varios de "El Eco de los Andes ." Ahora que est(i fomln.clo "El Re– ci~eo" y puesta con entereza y perse– verancia al' frente de él, 1a jnventucl amante de las bellas letras, debe asis- , tirnos un justo orgullo de haberse inau- 1 gurado en la antigna capital del Talman– tinsuyo nna puh1 ieacion donde, entre otras distinguidas in telijencias, descuella la ele la señora Clorinda M. de Turner, hacien– close esta apreciacion mas valiosa desde 1 que, á manera de preciosas flores, están cerca á ella para ayudarla escritoras de nota, harto conocidas por nosotros, y varias paisanas nnestras, tambien de reconocida competencia, todas ellas jun– tas constituyendo una preciosa guirnal– da literaria de Yistosos colores y de– liciosa fragancia. Sabemos todos que en tratándo se de los adela ntos qu e en nuestros dias ha.ce aquella < lelicn.c.fa y encantadora mitad de la clecendencia d e Ada.n, en mate– ria de pe1 ioclismo y en nnestra Pátria, son acreedoras á inmortal memoria las fundad6ras ele "El AJbun y "La Al bornda" en Lima, y congratulémonos, tras esas heroínas del saber humano las segundas que en el Perú se inician tam– bien en ese sendero ele gratas fruisio– nes, son nuestrnR estimab les paisanas las cuzqueñas, sin contar e.le su parte con mas contin,iente que la fé en los destinos ele la humanidad; una anlien– te y vigorosa ima,j innicion, y un tier– no y delicado cornzon. I si la galanteria ele esas be11n.s criaturas }as ha decidido á inscribir nuestros nombres entre los suyos, gus– tosos y agradecidos acudamos á ayu– darles en la imperecedera obra que tie– nr.n iniciada, ofreciéndoles de nue tra 11arte el pobre y humilde óbolo e.le un grano de arena, para la 11resucncion ele monumento tan inmortal. En }as pájinas de ''El Rrecreo ·· y á lado de las composiciones de plu– mas femeniles, apareconín sin duela nues– tros trabajos cual secas y agostadas flo– res en delicioso vm:je], ó cual gotas turvias en líimpida corriente, pero cons– tantes á fomentar y clar 1m ven hde ro impulso á "El Recreo," puesto que e.le su exü;tencia depende 1n regeneracion de 1as 1etras en nuestro D epartamento. v la plantificacion ele ese gran elabora·- ,lfJ; • ~e-, EL RECREO torio donde tienen que ejercitarse por– cion de intelijencias bastas, fantasma– góricas y por nosotros ignoradas qui– zás. Sea, pues, la vida de ''El Recreo'' dilatada y fecunda como la mente de sus fundadores; llena de goces y pro– vechosos resultados cna1 1n, ambician de sus colaboradores, y satisfactoria, ame– na y ngradable á sus lectures. Abel A. Luna. Febrero ele 1876. RAQUEL. Al S efíor D. kforiano J',Jc1,to. VI Era una h ermosa noche de Octubre. La Luna brillaba apacible y tranquila, en un ciclo limpio donde solo se Yeian cruza1· lijorn,s nuvocillas, blancas como los pensamientos de una virjen. Tenues brisas zuzurraban entre las trémubs hojas ele los árboles. Todo re– posaba en profunda calma. Tambien yo soy soñador y cuando si– lenciosa Lunn, viste los campos con su melancólica claridad y envia un rayo de tu tibio resplandor quo penetra hasta el fonclo del cor8 zon, yo tengo secl ele soñar, mi alma so inunda de armonía y en el cielo, en la luz, en las flores y los arroyos y las brisas; en todo es– cucho cánticos sublimes ele a.mor y feli– cidacl. Estaba on In, alameda y en medio de la qnietud de la noche mi alma vi– vía_ en un mundo desconocido y mis– tenoso en que arrobada devoraba mil ensuenos, mil encantos, mil placeres. Un arroyo conia á lo lejos y su me– lancólico murmullo traia notas tristes, apagada,s y perdidas, acentos vagos, in– definibles que tocaban al cmazon y le hacian estremecer y suspirar. Lloraba sin saber por que, amaba á un algo des– conocido, suspiraba por un bien ignoto y mi alma se deshacía en efnsiones ele compasion, do ter11ura, ele gratitud, ele amor. Denepento apareció por entrn la,s fi– las ele sancos que presentaban un as– pecto fantástico con la claridad ele la Luna, la figura melancólica de un j ó– ven que embozado caminaba con l en– titud; era Arturo que atraído por la be– lleza de esa noche encantada que respi– raba quíetud, silencio y poesia por todas partes, venia tambien :i soúar. Arturo se sentó á poca distancia do mi lado y se entregó á sus meclitacio– nos. Así permanecimos por largo tiempo absortos, siguiendo el caprichoso yue– lo ele nuestra imajinacion, cuando der– ropente una sombra leve se deslizó de– lante ele nuestros ojos y oírnos la tími– da y melancólica voz ele una mujer. Esa voz triste como un lamento llegó hasta las mas misteriosas profundidades del alma conmovida ele Arturo, aumentó has– ta el delirio su febril axaltacion y con un poder irresistible le arrancó un sofocan- te grito y esclamó: "¡Amada mia!" -Perdon Seüor, si os interrumpo, re– puso la mujer tímidamente. - (Es su voz, no puedo engañarme ) ¿ Quien sois? -Soi una pobre mendiga, mis hijos están muriendo ele hambre y vengo á pediros un limosna por Dios." Su láanguida voz se apagó y de en– tre sus pobres harapos sacó un brazo pálido y se enjugó las lágrimas que cor– rían por su líbida faz. En sus últimas palabras había tan profunda tristeza y las murmuro con una entonacion tan melancólica que despedazaron el alma. Arturo sacó las pocas monedas que tenia en el bolsillo y al colocarlas en la mano de la mendiga, moviendo es– pontáneamente la cabeza esclamó : ¡Po– bre soñador!. ¿porque no eres mas ri– co para favorecer la desgracia?" Estas palab:ms hicieron en la mendiga el efec– to de un punal. Antes de agradecerle siquiera, clavó en su rostro una mira– da c1e fuego y esclamó moribunda: ¡Es U. seüor Artmo!. ..... ¡ Dios mio!. ........ Al oir pronunciar su nombre, Artu– ro no pudo dominar su emocion y le– vantanclose de su flSiento se aprocsimó á la mujer y le dijo: "En tí reconoz– co algo que ha siclo mio, algo que hie- re profuucfamente mi co1·azon, tu voz 'I me ha enloquesiclo y en tu rostro de– macrado y líbiclo, en sus lineas diafanas que vá pérfilanclo b Luna encuentro semejanza á una ima.jon que lle,o en el alma á una belleza que en sueños ' ví. ¿ Ouien ei·es mujer? -No me reconoceis, ah! soi una som– bra. Antes fuí, recordad, la oro-ullosa Raquel que despreció vuestro h~rmoso corazon, por el vil metal. Ahor.a soi una pobre mencli~a desvalida que espía cruel– mente el delito que cometió. el Cielo ha permiti~l? que el pobre soñador á quien desprecie ayer por el oro mezquino sea el que me dá á mi y mis hijos el pan ele un clia ! ................................... . -Basta, ah! ya no puedo sufrir mas. Ven Raquel, lloremos un momento los dos. Ya que la dicha no pudo unirnos, que nos una la desgracia." . Llontron j~mtos en silencio y la men- ' cliga al partir, murmuró una bendioin para el pobre soñador que la amaba aun. De ele entonces Arturo, no supo mas ele la closrnnturada Raquel. A. Yrzc.IBR.i. Cuzco, Febrero 21 ele 8176. ¡ SS. DIRECTORES DE "EL RECREO." 1 Con el mayor placer hemos leido en esta 1 cap~tal ''El. Recr~o" cuya aparicion en el 1 honzonte literano del Cuzco á la yez <1e 1 ser la señal del adelanto de nuestro país, ! ·-~- =--=--=e- ~

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx