El Recreo

parte, ven, inclina tu tersa frente, quie– ro depositar en ella esta primera ho– jita de laurel. C,U,zco, Febrero 20 ele 1876. JosÉ TEoDosro Rou.s. RAQUEL. Al Seiior D. klariano Mato. I Era Raquel una mujer hermosa. Su EL RECREO po nos deleitamos en saborear sus im– presiones. Arturo al dia siguiente nos decia: "siento aun en mi pecho el fue– go de su mirada, oigo la música ele sus palabras, el dulcísimo murmullo del melancé-lico timbre de su voz, y veo aun fa, dulzura con que mueve sus frescos lábios." El soü ador Arturo ya amaba á Ra– quel y lo amaba como ama el ruise– üor las selvas en que ha nacido, co– mo el vosque a.ma el murmullo ele la fucnt0 que le dá la vida, como el poe– ta ama sus sueüos. II abundante cabellera rubia descendia has- Al rlja siguiente fuimos con Arturo ta su fleccible cintura, fornmnc1o un ar- ele visita n, casa de Baquel, esta 1108 co en su frente de mar.fil, sus ojos azu- r ecihió con lrn,staute ama,bilic1ac1, Artu– les y grandes, estaban sombreados por ro ci·oüt qne le miraba cariñosa como sus largas pcstaúas y tcnütn un brillo Je había mirado en sueüos, veía rcali– facinador, sus tibios eran fr escos, vo- zarse sus ilusiones; era feliz. luptuosos, tentadores, su blanca faz ova- Al retirarnos Arturo ya la amaba con lada y sus mejillas de cannin . un amor ci 8 go, sin límites, su cor,tzon Un dia la ví entro el vol 1ptuoso va- er::t torrente d 0 sb ,m1ado, su c,tbeza un por de un salon do l.milo, entre un co- volean en ofervccencia. ro de hermoims,· como á urnt Diosa ro- R 1 1 1 1 · · J aque e ia,Ha nnrMlO cannosa y deada de sus ninfas, como dc,•cuelh una. 110 po(1ia üucb,r de que le amttba yi. azucena ont.ie los lirios. Sns miradas ¡Cuanto nos ci -ga, la, pasion, hacer un eran altivas y dosc1cüosas, su som·ist1i 8igno infalible ele una, mirada quizás mofadora y ese mismo adoma,n saber- indiferente! Le cscribiú en aqu ,1 mis– bio, rodeaba :í, su l.ielleza de un encan- 1110 dia, c.1ccla,rnm1ole su amor y pidien- to superior. c1ole su mano. Entre los convidados se encontraba Ansioso ó impaciento esperaba ht con- un do en lln,ma,do Arturn. Miembro de testacion, cl1ttrn1o Yimos que el cl'iac1o, una distinguida familia, pobre; poro con regresaba trayendo un pa,pel. Artu~·o talrnfo, se prnmetia un g:ran porvenir. se resti-egó la,s n1anoR con loca alcgrnt En esa época era Arturo, estudiante ¡ Cnan foliíí era rrntc.- lte recibfr la cart.~t! de J1nisprude11cia. T<..:nia mu fisonomia El crü :1o le alcn,nzó e] papel con mrn esprosiva y simpátictt, una razon cla- s nrisa triste y melancólimt, al r "cilJir– ra y con corazon tan sincero, tan lim- tt Arturo se irguió y palpjtft.nte raRgó el pio, fa.tn leal que jamás podía engauar sobre. ¡Que decepcion! El golpe era crncl. en lo mas pequeüo: era un nino en su Una lágrima enturbió sus ojos y Jné á corazon. Para él, toc1os los hombres ocultarla en en su g,tYinote, allí, solo, eran buenos, el odio nunca encontró hlasfrmanelu arrojó la carta sobre la asilo en ese corazon; porqué juzgaba mesa y entre mil imprecaciones rene– que aun los criminr1,los solo eran des- gó del amor y do las mu.jerr,s. graciados y que la desgracia solo dcbia La cnirta decia:-"Julio 10 de 1860. inspintr compttsion. Su caracter era de Seúor D. Arturo XiH·-dui estime c1o Sr. ordinario triste, melancólico, nubhu1o. -Acr~bo ele r ecibir su cttrttt do osttt fe– En todo encontraba algo bueno, algo drn, y ht contesto agnl,(1cciorn1ole por el bello que amar, y algo grande que ad- honor qne me ha hed10 de haberse fija– mirar. Con frecuencia so lo Yeia entu- r1o n mi p ersona. siento muchísimo sia,sma.rse hasta el arrebato al hablar decirle quo mi c,1,rádcr es mui poco ele la pñitria, de sus sueúos y de las soüador; por otrn 1mrte, dice mi pn,– bellezas que lo impresionaban. Arturo dre, que poseyendo él, algmm fortuna, era un soFlaclor, un poeta; porque iJJUC- en el mtttrimonio el equilibrio de lit clen existir lo bueno, lo bello y lo 1;er- viüa consisto en h ttbsoluta igualdad. claclero si,n poesia? -Concluyo esta rogm1clole pue p erdo- Arturo, tn,n po ::,ta, se irnpr sionó vi- no la fraqu za de su afectísima S. S. vamente con b deslumbrante honnosu- -"Raquel." ra de Haquol y fuó presentn,do ocasio- Una trísteza profundtt se apoderó de nalmcnte n, ella, durm1te el baile. nuestro amigo desde aquel c1ia, su f ' le ,,. Al retirarse c1 1 salan Arturo estaba, abandonó y á, todas horas se repeta: ''¿en soledad se entregaba, le habian ani– quilado de fal suerte que se resolvió á hacer un viaje como remedio á esa enfermedad del alma. Sin pensar ni en despedirse de R.a– quel; pero amándola cada clia mas y mas partió del Cuzco. III l\Iientras la ausencia ele Arturo, Ra– quel se cas5 con Carlos, j óven acau– daln,do qne no era soúador; pues se preocupFtba muy poco de los libros. Sus padres no ]o habü1,n querido dedicarlo á los estudios; porqne clecia,n que ellos eran buenos solo para los pobres y que siendo rico su hijo no necesitaba est,u– c1iar. Carlos tenia numerosos cirnigos, sus mancn1,s no eran mui finas ni sus cos– tumbres mui r lijios ns , oncubria sus vi– cioR con los oropeles del lujo, su ocu- p, cion era el juego y sus aventuras a- 1 moroRas, Prttn el t ema constante de 1 sus vulgares c01worsaciones. l C~trlos d.osc1e los primeros aüos de su matrim 1 mio se entregó á. la diciplt- ji cion y su vic1ít no foé sino una cade- 11 a c1o ver gonzos,1s prodigalidades, de 1 1 e~;cánclalos y <le c1i·.:;olucion. 1\Iientrns él n impúc1i('as orgias disipaba fortuna, honor, si:tlud y p orYcnir, f-iUS pobr s hi– jos y su pobre esposa 8ufrün éll silen– cio, tonibles angustias y roe::doros tor– rn.entos. IV Desc1o e1 dia en que estu1imos ele Yisita en caRa de lbqueJ, Arturo 110 la lrnbia Yl:.clto n, Yer sino en mrnúo, , al c,tbo el e dos aüos 11 que , oh-ió c1e su Yi::tj e. Nos c1oe;ia: "b, he Yisto dorrn.ida. Habia en su rostro un tinto c1cscolori– c1o de yaga mclancolin., sos ojos sua– yemente cerntc1os pan cian ocultar una hígrima que queria escapar e, sn l.ioca, :u dulce boca estaba 11tr abicrtc1i con una esprecion de angu, tia y parecia cxa– ln,r un honüo suspiro. Esbbe tritc co– mo el sozollo apagttdo y dcsg,uTactor que cxrtb el aln1:1 cnlerrn.ci cb enando se oncu .ntra á. solas." ¡Pol>re Hnqncl! <lonnia y soüaba quizá con el pobre ·oüac1or á quien lrnhia do, procü1ic1o por– que la fortu1rn le negó el oro conup- 1 tor . ¡l obre Raquel! quizá entonces cono- 1 cia que la única folicic1ac1 qne Lai en la tiena es la virtU<1 que sude nisihr- se en el con1izon de 1os pobres, de los soüac1oros y que huye de los Seúores, de los acaudalaüos. V pensatíve y su pirnba sin saber la oau- que siglo estamos?" Carlos muno a, los tres aúos de su sa. A las 12 de la noche nos dospe- Cacht clitt se le aumentaba mas el · matrimonio ,íctirna do hts 1nas a quc– dimos. Bsa noche Arturo babia sona- hastio de la existencia y el fria 8'cep- rosa onfonnedad, entre teniblos tonnen- do con Raqu.;-1. En sus sueúos se le htt- tisismo qne tenia, lo obligaba á pa. ar tos físicos y morales; conso<.;ncncia c1 l.iia preRcmtac1o cariúosa y lo lrnbitt ha- la solitaria y sombría Yida de un mi- su vida libertina , esc1tncfalosa. blado do folicic1ail. s6intropo. La infortunada Ru.quel á quien yn, no • Un sucüo hermoso c1 -ja huellas tan La cabilacion contínua y los tristes le quedaban, ni .iqncz as, "ni hcnnosu- ,'¡ profundas en el alma, que por largo tiem- devaneos á que en el silencio y en su rn, no posicion social, borró su 110111- 11 ~ =- =========..:========--======--=======-==---==============-===~~=-==-==-=-=:.~

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