El Recreo

-¿Qn:én eres? -Soy el c-1.lma de Judas; ~011t8stú (> ... ta. El án<Ye] dió dos pasos atrás y esclamó: -¿ C~mo te atre,ves á llamar fi la puer– ta de la mansion. de los escojidos? Huye: no es aquí donde tú d elws vivir por Higlos eternos tú . que hn.s entregado 6. tn divi– no l\fae~ t.ro. , tú que no has tenido ni un minnto de anepett1timiento, no puedes aspirar ya á, ser dichoso, tu sitio ei:;tá en las morncln.s infornales. El almi-1, de Jmlas se qnedó estupefacta; iba á replicnr, pero un vuelo -snave como el de urrn mariposa le advirt1ó q ne el ángel s~ ha bia alejado; entoncrs co1:1pnm– di6 q ne no le q11edaba. otro remed10 que tomar el cc1.mino de! infierno. Al poco rato el olor de azufrr, las lla- 1 nrn.s qne divisc~ba de cnan 1lo en c un,ndo y la confu.:a vocería. que llega.ha lrnsta sus oídos, le indicaron qne e::;.tahn, cerca dP h1. m¡-\nsion de los condenados. Un minuto despue: llegú á la puerta. En el umbral e. taha, Satn.11ú.s, pens-a- ' tivo y c;:i.hizhajo: algnn g1a11 pensamiento ' le prcoc11púlx1.: ten i1-t los ojos fijns en la tiPrra,, y <ie cnando C'n cnnndo se rascaba l los cuernos con las pnntas <le sus agnJai:; y larga. 1tífa.s . .. -Beso á u::-ted la mano, caha11ero, di.JO el al nrn, cuando llegó á sn pre 'Pncia. B::;t..1. voz sacó <le sn:; re:fl1-1ccionrs á S,tt:-tná:-; q ne levantó la cabP½:1 con aire de mal humor y ü ijo con co~érico n.een to -¿Quión eres tú, qne as1 te atrl'ves ú intf:'rrnmpir mis filosóficas meditaciones? -Soy e] .almn, de J t1d;:is. __rre estaba espern.ndo hace rato y tú eres el ol>ieto que <'>Cnpa mi pen. amiento y que ab::;orbe completamente mi att>n- ciorr: -Cnlmllt>ro, esa honra tnn inrsperada... -Esc.:ú.chame, i11 terrnrn pió rl n~y de los infiernos; yo no qniern retenerte en mi:; dominills; eres tn.11 11rnbrulo qnr po– ctia;:; nn día arrebatarme m1 corona y em– rufütr mi cetro. _rrª'l pensn,miento .... -Silencio; hago mal en Rer franco, repito que no · q niero q ne 0s tés ccrc,1. de mí. -¡ Y que haré yo si me arrojan 11lel cielo y no me q ni eren en e 1 i nficrno ! -En t'SO C:'Staba pensando: ya he encon– t.rau.o colocacion para tí. -¡ Qu.e bondacl! -Vete al 1111111(10 y procura intrn<ln- cirte eu II n currpo q ne no tE: 1 11gA. alma; nna ve;,; allí clentro, estoy seguro d0 que obrarn'4 como q nien eres, tcugo confianza. en tu rnalclad. -Mil gracias: ¿pero dónde hallaré un cnerpo sia alma? Exi::;te tLraso. -Esht ne, C'S cnenta mía, n1ehe al mun<ln y obc:u.ece mis úrdenes. ' Al couclnir estas 1in.lithrn8 el soberano <.lel n.hismo se k•Yat1tó con grn vedad, re– coir1ó lllrWt't1.tno-sa1w·1tte ht col:1., c¡ne colocó 1:' t:, / i:;obre el brazo deredi.o y se int<-'rrw en sus duminius. . El alma de Jntlas con or.ió por esta res- 1 >11csta que ya estaba e.lemas en aq twl 11 ~~-=~ EL RECREO --- __:. sítio, q ne la sentencia no admí tia flpela– lacion y rápida como el relcímpago se diri– gió al mundo en busca ele u11 cuerpo sin alma. Contin1..wrá. iPOBRE MUJER! I. D~., que te sirven, niñR- infolice Ni tus encanto , ui tu riqncza Ni esas tus g,l.las, ni tn belleza Si es un catli1ser tn corazon? En pos corri<:'nLlú de amores vanos Siempre in::mciab:e, si11 }Ht7. ni calma litt fo h;1:, perdido y ele tu alma Se ha desprenclido toda ilm,ion. /l11, cielo siempre, triste, nu1Jhu1o 'l1us campoH secos, mmca con flore3! Y ti:,;i tus láhios mienten auwres Que jamás siente tu cornwn. Yo he <1escorrido eso engaüos0 lHentido yeJo, de tu alegría Y fo.e ol>;:;ei,,._'.-Hlo qnorilb min. El e queleto de tu placer. En tn sonrisa veo líl, amargura. De un solluw, ele nn s11~piro, Do tus placPres con pena. miro La hon<la tristez,l., el cruel dolor. Lángnicla tu rdrnn,, niüa infausta Busano-rentada triste agoniz:-1. Y nsí ~un tiene cruel sonrisn. Con la que oculta sn padtcer. ¡ Eso es horri Llt• ! te va matando L enta, ag·mia, <lolor impio; Esa agonia. llamada hastío Qu.e y(¡, secau<lo tn curazon. Ay! á, los mn0rtos mal vienen ga1a:;! En un sepulcro se.cfas y encajes Son un inwlto, muela tns trajes U na mortaja., á tu alma pon. II. Yo soy mny pobre, mny deBgraciado He maltlccitlo la. hora fatal En qne. mis ojos la luz miraron • Del primeT clia llorando ya. Ave si11 nido, nnbe que pasa, 011da qne nace, ginrn y se vr1., Hoja marchita que el viento 11.rrastrn., Noche lle nieblas, astro sin lnz. Cielo nul>lado, pájaro errante Flor sin aroma, dia siu rnl Seco arroyuelo, nota pnd-irfa, Que el Yiento lle-nt; lie ahi lo qne soy. Sí! soy mn¡ po'brC', pero drsprec'io Tus oropeleH, tn vanida.d Con tns riq nezas ol>tendras necios -- - -- =--=------- Empero mi alma ja~ás, jamás. Tierno y sincero te dije un día Eternamente te adoraré 231 Y entnsiasmado yo quise amarte Por que pensaba que eras mujer. Y tu insensata cn~iste que era Mercaueria mi oorazon Tn me has perdido sin comprenderme Y ahora te quejas. ¡ Pobr0 mujer! ¿Creíste que m·i alma te habia -amado Porque tn ln,io la cles1 nm bró? ·¡ Almas en venta ii-ús compnmclo1 l\1as ctla1 la mía? Jamás, jamás! ABRAIIAN VIZCARRA. Cnzco, Diciem1Jre de 1876. "EL NAClONAL-" En su ilustracla crónica habla así ocu- •.1 pándose de la reladn litemru.t, del 6 de di.ciembre,en casa de la inimital>le autora de «El guante n egro.,> Comenzaremos nuestra ligera revista con las pal-abras eon que el <1Recreo,> ha– bla d e las tertulias literarias. <<A í como el trauajador, -dice., tiene á la semana su dia de placer, el cantor sus horas de can to y eJ pintor suH buenos dias de luz, así tarnbien m1estro::, literatos ha,n escogido un c.lia de la semana para reu– nirse, lucir sus dotes y festejar sus triun– fos. «La respetable literata señora J nana M. Gorriti, tuvo la feliz idea de establecer en sus salones, una t ertulia literaria en rncfa l\Iiércoles, idea justamente reeornen– clacla por lo mas distit1guido de nuestra :::;ociec1acl. <cLas reladas literarias de que l1ablamos, se lrncEm cac1a semana mas interesan– tes y concurridas; como que allí se clán cita la, literatura y la música. «En las veladas, pues, no solamente -se esc11clrnn las conseciones de ln, inte– ligencia, sino que se goza de los armo– niosos acordes d.e la m(rnica y los cantos sublimes del poeta;la graciosa y hechiceni. voz de la mujer, y el dulce lenguaje él.e su eorazon) hacen el encanto ele o:::;as reuniones semanales. «Escritores ele notoria repntacion y jó- - venes que principian á, cnltiYar el arte, ¡ 1 : so renncn allí, exhiben sns últimos tra– bajos y en medio del trato far"liliar se 'l oye con agrado el consejo l ,..,, ~ ,erirnen- l! tado amigo. h La cas~t ele la scüora Gorrit1 es ·actual- f mente un foco del nz intelectual., un ta- · 1 1 1 ller él.onde. se ven tral>ajos acabados y en- 1l sayos líricos, en fin, un centro de reunion donde r eciben 1m noble impulso las le– tras, cuyo recuerdo dejara muy gratas emociones.>> Y, no solo las dejará para despues Je los aüos en que terminen; sinó que las deja todos los l\Iiércoles para cuan}os te- 2fi\.. --S:.,~ /! k,

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