El Recreo

EL RECREO ~ !l ~ do el pan de la boda, que se pusieran de -Nó, señor r espondió el pobre, no 1 esqutna: In, mujer queri11¡ rn,&tndar; pero en las entraüas de la tierra, sino ele la i Don Dinero, que es engl'eido y soberbio, otra banda, en la tierra ele otra, gente. no e ·taba por ese gusto.-Seüores, decía -¿Qné gentes, hombre? mi p,1,\lre (en gloria esté) que si el mar -Las cmtr ípnla.s seúor. se cn,s¡_1,so, lrnhia, de perder su brayeza; -Quiero faborecerte, amigo, dijo D, pero Don Dinero es mas soberbio que Dinero metiendo al pobre pomposamen- el mar y no perdía sus ínfula,s . te un duro en la mano. Como am1os querían ser mas y mejor, Al pobre le pareció aqu·ello un sueño y ninguno quería ser ménos, determina- y hechó á correr que volaba; que la ale– ron hacer la prueba, cual de los dos ten- gria le puso alas á los piés; arribó dere– <lria mas poder. "Mira, le dijo la mu- chito á una panaélería y compró pan j er aJ mariclo, ¿yes allí ahajo en el chne- pero cuando fué á sacar la. moneda · no co ue un olivo aquel pobre tan cabizba- halló en el bolsillo sino un agujero, por j o y mohíno? Vamos á ver cuál ele los el que se habia salido el duro sin des.– dos, tú ó yo, le hacernos mejor suerte.'' pedirse. Convino el marido; enderezaron há- El pobre, desesperado, se puso á bus- , cia el olivo, y allí se encamparon; él ra- carlo; pero que había de lrn,llar! Cochi- n eando, elh1, ele un salto . no que es para, el lobo, no hay San An- El hombre, que ern un desdichado ton que le guarde.-rrmR el duro perdió que en la vida le había echado la vieta el tiempo; y tras el tiempo la paciencia, encima ni al uno ni al otro, abrió los y se puso á hecharle á su mala fortu– ojos tamaüos como aceitunas cuane1o a- na cada maldicion que alwia sus ca,rn°s. qnellos dos usias se 1e pbntaron d 1ante. Doüa Fortuna se tcndia e.le .risa, la ca- -¡Dios te guarde! dijo D. Dinero. ra ele D. Dinero se puso a un mas ama- -Y á usia tambien, contestó el po- rilla de coraje; pero no tuvo mas reme- 1re. dio que rascarse el bolsillo y darle al po- -¿,l\Io me conoces? bre una onza. · -No conozco á su mercé sino para A este le e·ntró un alegro.u que le sa- serYirlo. lia el corazon por los ojos. Esta vez no -¿Nunca has visto m i cari1,? fué por pan, sino á una tienda en que -En la vida, ele Dios. mercó telas para eclrnrles á la mujer y -Pues que, ¿,nada posees? á los hijo1:; un rocioncito de rnpa ~nci- -Si señor; tengo seis hijos desnudos ma.-Pero cuando fué á pagar y entre- comJ cerrojos, con gaüotes, como cal- gó la onza, el mercader se puso por esos cetas viejas; pero en punto á bienes, no mundos diciendo que aquella moneda tengo mas que un coge y conie cuando era nna mala moneda, que por lo tanto lo hay. seria su clueüo un monedero falso y que ¿Y por qné no trabajas? lo iba á delatar á lajusticia.-El pobre -¡Toma! porque no hallo trabajo. al oir esto se abochornó y se le puso h1, Tengo tan mala fortuna, que todo mesa- cara tan encendida que se podian tostn,r le torcido como cuerno de cabra; desde habas en ella; tocó ele suela y fué á con– que me casé, pareció que me habia c~i- tarle á D. Dinero lo que le pasaba llo– clo la h elada y soy la prosillta de la des- rando por su cara abn,jo. dicha, seüor! Ahí nos puso un amo á Al oírlas Doña Fortuna se desterni– l abrar le un :pozo á estajo, aprometiénclo- Haba en risa y á D. Dinero se le iba nos sendos doblones cuan<lo se le diese subiendo la mostaza á las narices.-To– rematado; pero ántes no soltaba un ma- ma le elijo al pobre, dándole dos mil ravedis, asina fué el trato. reales; mala fortuna tienes, pero ya t e -Y 1ien que lo pensó el dueño, dijo he de sacar adelante ó h e de poder poco. sentenciosa,mente su interlocutor, pues E] pobre se fué tan enajenado, que no dice el refran: dineros tomados, brazos vió, hasta que se dió de narices con ellos, quebrados.-Sigue, hombre. á unos ladrones que lo dejaron como su Nos pusimos á trabajar echando el madre lo parió. alma., porque aquí donde su mercé me .Doña Fortuna le hacia la manola á vé en esta facha ruin, yo soy un hom- su marido y este estaba mas corrido que bre, señor. una mona.-Ahora me toca á mi, le di- -¡Ya! dijo D. Dinero, en eso estoy, jo, y h emos de ver quién puede mas, las -Ea, seúor, repuso el pobre, qu?- hay faldas ó los calzones. 173 guró,:que la, onzP. era mala; pero que ha– biendo acertado á entrar allá el contrns– tador, le habia asegurado era bonísima, y tan cabal en el peso, que mas bien le soumlm que no le faltaba: que a.hí ]a t e– nia;y ademas toda la ropa qu e ba bia a– partan.o, que l a daba en cambio de lo que había hecho con él.-El pobre se dió por satisfecho, cargó con todo, y al pasar por la plaza, cate U. ahí que una partida de Napoleones Je la Guardia Civil trnian presos á los ladrones que le habían ~·~bado, y en seguida el juez, que era un Juez como Dios manda, le hizo r estitnir los dos mil reales' sin costas ni mermas. Puso el pobre e~te dinero con un compadre suyo en una mina, y no bien lmbia ahondado tres varas, citan– do se lrnJlaron un filon de oro, otro de plo– mo y otro de hierro. A poco le dijeron Don, luego Usía y luego Exelencia. Desde en tónces tiene Doña :B1ortuna á su marido amilana.do y metido en un zopato, y ella, mas ca squivana mas des– atinada que nunca, sigue repartiendo sus favores sin ton ni son, al bnen tun tun, á tontas y á locas, á ojos de buen cubero, á la buena do Dios, á cara y cruz, á manera de palo ciego, y algu– no alcn.nzaní al narrador si le agrada el cuento a,l lector. FERN.AN CABALLERO. AL DIABLO. Nadie te oant.a, Rey de lo infiernos No hay un_a Jira que te dé su voz; ... : Es que el rn:flnjo de tu sér maldito No puede al bardo dar inspiracion. Es que el poet.a a1 ensayar sus trovas Teme RU canto profanado ver Al pronenciar en sns ene.lechas tristes El nombre aborrecido de Luzbel. Es qn e fa mano trémula de espan to No halla notas de ]nto en el Jaud Para cantar n1 maldecido arcárwel Qne osó usurpar la. omnipotent~ luz. Pues solo tú jnnto á Dios p·1diste Un crímen en el ciPJo concebir Y solo tú con tu am bicion in~ensa Quisiste ser el soberano allí. Ángel caido, por fundar tu imperio Cngist:' Ct cetro corno rey del ma], Y hac1endolo tn esclavo, le quitaste Su vasta prole al infeliz Arlan .... Tú en eJ Eden, de la vedada fruta Diste engañoso á la primer .mujer·.... , Por ti Cain con fratricida man°0 ' E] peoho hirió del inocente Abel. cuatro clases de hombres; hay hombres Acercóse entónces al pobre, que se ha– como son los hombres; hay hombresillos, bia tirado al suelo y :se an-ancaba los hay monicacos y hay monicaquillos, q' cabellos y sopló sobre él. Al punto se no mei-ecen el agua que beben.-Pero halló este debajo de la man0 el duro que corno iba diciendo, por mucho que ca- se le habia perdido. Algo .,es algo, dijo vamos, por mas que ahondamos, ni una para sí, vamos á comprarles pan á mis gota de agua hallamos.-No parecia si- hijos, que ha tres dias que andan á me- · no que se habian secado los centros de dio sueldo y tendrán los estómagos mas la tierra; nada hallamos, seüor, á la fin limpios que. una paterna. y á la postre, sino un zapatero de viejo. Al pasar frente de la tienda en la que Ciega por tí la humanidad un tiempo -¡En las entrañas de la tietra! escla- habia mercado la ropa, lo llamó el mer- Un templo y un -altar te levantó ' mó D. Dinero indignado de saber tan cader y le dijo que le habia de disimular Y bajo formas de infinitos diose; mal avecindado su palacio solariego. lo que habia hecho con él, que se le fi- Te adoraron los hombres como á Dios. {/}================:;===, ========~¡

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