El Recreo
~ 172 LA DISCUSIQN. Uno de los ejercicios mas nobles de la inteligencia es el ele sostener por me– dio de razonamientos sus creencias y sus opiniones, al mismo tiompo que exa– mina y combate ·las contrariaR. Esto es lo que constituye la discusion. Hubo un tiempo en que los hombres, despreciando los trabajos intelectuales, gustn.ban mas de medir sus fuerzas físi– cas en duelos, justas y torrn~os, que rn discutir las graneles cuestiones que ali– m entan el alma con todo lo bueno, lo bello y lo verdadero que la razon puede descubrir. Pel'O esa8 luchas p ersomd es estaba,n sujot,1s á r eglas basadas en ol honor, la ur\Janidad y la galantería, ro– ·glas que deben ser aplicadas tamhi en á l as l uchas intelectuales. , En esos combates eran condiciones ser caballero, usar las mismas armas, tener P] rostro descuhierto y Yeri::6.car– los ante jueces. Si l a nobleza ele sangre va desapare– ciendo, aun se conserva la nobleza de ' posicion y sobre todo la nobleza del ta– lento. La razon tiene tambien sus fue– ros y ocupa diferentes categorías; y asi como un caballero no se rebajaba hasta lidiar con un plebeyo, una intiligencirL elevad~ no se degrada hasta discutir con un n ecio ó c-on un ignoi'ante. Pnede en– seúarlos, aclarar sus duelas, pero no en– trar en discusion. Cuanclo no hay igualdad de inte1igen– cias, no puede haber igualdad de armas en la discusion. El inferior, no pndien– do lidiar con el superior, entrará pronto en el terreno de las disputas y de los vituperios, y cual peno cobarde ladrará desde lugar seguro. Las altas inteligen– cias solo pueden discutir con las altas intelig@ncias, las median~s con las me– dianas, las bajas con las bajas. Ante~ todo disfraz era indigno de un caballero, y la visera se levantaba al tiempo de medir las armas. El anóni– mo es la careta del escritor que inca– paz de élefendel' su causa con el brillo de los razonamientos, se pa1·apeta tras los tipos para herir como cobarde á quien no puede vencer en la discusion. Toda cuestion de principios que bajo el anó– nimo degenera en personalicfades, es la condenacion de la causa que se defien– de. En los combates personales los jueces respondían de las faltas que podían co– meter los combatient~s á quienes repre– sentaban. Hoy, en las luchas intelec– tuales, el público es 1:1n juez pasivo, qué cuando mas se divide en pareceres, se– gun sus ideas, sus intereses ó SUB pasio– nes; y sinembargo, es sobre la sociedad que recacJn las consecuen cias de una discusion, haciéndola feliz ó desgracit1.da, ; "' egun sea la. doctrina que triu nfe. - EL RECREO que los contrincantes se guardan con– sideraciones mutuas y se tratan conga~ lantería, es un espectáculo, al mismo tiempo que instrnctivo, satisfactorio pa– ra todos los que lo presencian, l_->e;ro si en la discusion se · miran mas la,s personas qm' los argnmentos, predomina la pasion y se desatienden la,s r eglas de la cortesanfa, 110 se obtenrlrá otro r e– sulfaelo que la perversion ele los ánimos, y, para con las personas S<~nsatas, el clescrétlito ele la causa, que S6 sostiene. "Es infinito el número de los necios," dice el Eclesiastés. Esta verdacl que to– dos lo:3 tiempos y edades se encargan de confirmar, es la que nos esplica osas Yergonzosas disputas que continuamente presenciamos. Un hombre cuerdo se abs– tendrá de ellas, t enie.ndo presente estos sabios consejos üe los Libros srmtos: ''Las cuestiones n ecias y que nada con– tribuyen á h Íllitruccion, evítahs; sa– biendo que son un manantial de alterca– ciones ."- "No responclas al n ecio, imi– tando su n ecedad, para que no te ha– gas á él semejante. Conté.;;tale, sí, co– mo su necedad merece, á :fin do que no crea él que es un sabio ." La verdacl¿ra discusion exige buéna fo y deseo sincero ele b nscar la ver– dad. Si esta,s conc1icionea faltan, no se discute, sino que se alterca, porque e.s el orgullo el que se interesa en ob – tener un triunfo. Por esto dice el Sa,– bio: "I\lucho se hahla y discurre en las disputas, y en todas e1las se ve mu– ch:1 Yanidad." Luchar con ignorantes es tiempo perclido, puesto que se lucha con la presuncion; es igualarse tambien á ellos, sin que r esulte provecho para ninguno. Con mucba razon elijo Miguel Angel. "El que 0ombate contra gente inepta, no vence á naclie." La discusion solo puede tener lugar entre hombres de principios y de con– viceiones :firmes. Ellos son los únicos que saben lo que sostienen, lo sostienen siempre, nunca pierden su dignidad y ja1nas caen en contradicciones. Para que una discusion pueda sos– tenerse, es preciso estar de acuerdo en ciertas verdades cardinales. Si no se parte ele principios convenidos, la con– troversia jamas t endrá :fin, una cues– fructuoso. Se puede convencer ií los ig- ' norantes qne élesea,n , instruirse, p(;ro no á los ciegos voluntarios que han aban– donarlo la Yerclacl, los cuales eleLc:n ser tnm1ien a1andonac1os á. su suerto. ·, Si la, discusion pone á pnwba á un escritor en cnu,nto á su capacidad, sus 1 conocimientos y su educacion, el pe– .1,-ioclismo marca tamhien el grado J0 cultura de un puehlo, clanclo á conocer á los que escriLen y á los que le en. Una, prensa desvergonzada é inmoral hahh en contra de los F>uscritores; por que pul,licac;iones que no agradan, no 1 pueden sostenerse. La prensa con sus discusiones es el verdadero termómetro ele la civilizacion de u n pueblo. No basta que él se lla– me civilizn.do, si sus frutos son ele ba,rharie . No es verdadero escritor el que es– criba, sino el que lo haga con toda la conciencia ele 1n, mision que desempeña, con todo el tino que demanda posicion fa,n clelicacla, con todas las Clutlidacles que exige tan sagrc1do sacerdocio . Escritos que nllner n la moral pú- , 1lica, qne ataquen la vida privada, que ti;aston'1en las bases sosiales,son gan– grenas que corroen y matan los pueblos. 1 Periódicos in sustanciales que nada enseúen y redactados en len guaje que atropelle las reglas gramaticales, per- 1 viert~n el gusto y mantienen la igno– rancia. El escribir es un arte que puede adquirirse con el ejercicio, la reflexion y el estudio; pero el discutir como se debe es obra del talento, ele la instruc– cion y de una educacion esmerada. La discusion se resentirá siempre de la esfern de que se haya salido, de la posicion social que se ocupe, de la ins– trucJion que se posea, ele los senti– mientos que se abriguen, de los princi– pios morales que se pTactiquen, en una palabra, ele la educacion que se haya recibido. R. v. ------·---- DONA FORTUNA Y DON DINERO. tion traerá otras cuestiones, Y la diver- Pues, señores, vengamos al caso; era gencia radical entre los que discuten este, q__ue vivían enamorados Doña: For– impedirá que se llegue á un resultado tuna y Don Dinero, de manera que no satisfactorio. se veía el uno sin el otro; tras de la so- Discutir con el que defiende una ga anda el caldero; tras Doña Fortuna causa por interes, sin consideracion á andaba Don Dinero: así sucedió que dió la verdad, es prestarle un servicio, favo- la gente en murmurar, por lo que de. reciendo sus pretensiones. terminaron casarse. Pocas veces la discusion hace cam- Era Don Dinero un gordote rechon- biar las opiniones ya formadas. Su cho con una cabeza redonda de oro del principal utilidad está en afianzar las Perú, una barriga de plata de Méjico, convicciones que vacilan. Por lo re- una pierna de cobre de Segovia y unas gular no se habla y no se escribe sino zapatas de papel de la gran fábrica de para los del mismo partido ó las mis- l\fadrid.-Doña Fortuna era una locona, Una discusion sostenida por perso- mas creencias. Pretender desarraigar sin fé ni ley, muy raspagona, muy rala nas cultas é instruidas, en que no se errores inveterados, sostenidos por la rata, y mas ciega que un topo. emplea otra arma que la razon, en pasion ó por la vanidad, es trabajo in- No bien se hubieron los novios comi- ¡ ~====~============================~ .
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