El Recreo

· :-~~-~=~= ___ =-= = ·-_-= __ =_ =-= _. _= ___ = __ =_ =:=====- -(L -~irt GR_E ü_-e:_______ _ • 1 f29- -- w, j 1 tra sociecla<l; y cuando personas mas ap– tas qno yó se presenten á ocupar ost.e puesto, lu cederé gustoso, é iré ,i colocar– me en el lugar de los oyentes. HE CONCLUIDO. LA MUJER. !: Hay hombres, que á pesar ele no ser ¡¡ jóvenes y estar dominados ele ridículas 1 1 i<leas, juzgan á la mujer injustamente 11 y niegan sus nobles cualidades, fun- dándose en que su virtud no es regla general. Esta clase de hombres qmsieran ver un ángel en cada, mujer, aunque con ella.s nos conducimos como demonios, Si fúernmos buenos, podríamos exi- girle algo cdostial ; pero siend? 1:1alos. 1 1 solo debemos csi1erar algo del mfierno. 1 1 Qneremn~ que séa ingémrn, y la enga– !I úamos siempre. ; 1 \ Queremos qne sea crédula,, y hacemos mofa de su credulidad. 1¡ (~ueremos que se rinda fli nuestras li– l, sonjas y promesas, y nos escandalízamos , si se rinde á las promesas y lisonjas de otrn. Para dominarla,, nos parecen pocas todas las humillaciones. Para escarnecerla despues do dominar– la, nos parecen pocos todos los dicterios. ,, Si resiste, la manchamos con la ca- ·i lumnia. Si sucnmbe, la escupimos con el des– precio. ¡Oh, cuando el hombre se goza en ~les– honrar á la mujer, aparece muy vil y miserable! ¡Y aún hay seres mezquinos que se jactan de los trinnfos alcanzados sobre la inocencia! Almas cobardes, que sin ánimo para resistir la mirada de un hombre, bus– can miserables victorias en el corazon de una mujer! ¡Triunfar de una mujer! ¿Que se necesita para engaü.arla? Aunque nadie la. conozca ,á fondo, ¿quién con canstan~1a no p~dra vence~·la? Cuando una muJer se ve persegmda, 1 1, no es solo un hombre el que la persigue; parece quo cuantas persouas, circunstan– \! c.ias y cualidades hay á su alrededor, coadyuYan contra ella. Entre un seductor y una seducida, siempre está la culpa en el primero, j: y siempre ha estr~do en la segunda la ¡: desventaja.. ¡Cuántas hijas faltan, _i~npulsac~as por :i el abandono de s 1 fam1lrn,, y a vec-Js I; por los consejos ele los mismos padres! 1, ¡Cuántas esposas delinquen, impelidas \: por los desprecios de sus esposos, com– ¡\ parados con las dulzuras del que las se- l: duce! 1: ¡Culpa bien leve es la de esas mu_jeres ,, col rnadas entre dos hombres que, aun– ,1 que p -:> r diversos ~atninos, las pricipitan :_ 1 J á la vez en el abismo de su 1 ddeshondra! !Ah, el hombre se preva e ~ sus e- ~~ rechos de verdugo, y abusa, de la bon– dad de sus víctimas. Sabe que podrá aborrecer, pero no despréciar, y miéntras que el hombre no es despreciad~, puede tornar á ser querido, Y sabiendo esto, apura todos sus recur– sos para despertar en ella ese amor que en breve llegará á convertirse en instrumento ele su tortura. ¿Con qué razon pedimos virtud? Despues <le todo, ¿qué sabe el hombre lo que es tener que esperar sin saber hasta, cuando; sin hermosura y con po– breza; hallando solo hombres abyectos que ofrecen sn c:1riño mas abyecto to– davía, y obligadas aun á conservar una virtud cuyo único prémio en el mundo es la miseria y el escarnio? ¿Qué sabe el hombre lo que es amar con toda el alma á un ser que lo ignora, y qne debe ignorarlo; hablarle, soureirle y no poder confesarle el cariüo que inspira; verle amando á otras y no poder decírle "!yo t e amo mas todavía!"; tener que humillar los ojos ante sus ojos, y convertir en mirada de indiferencia una mirada de fuego; verle partir para siempre á lejanas tierras, y no poder gritarle "¡mi vida va contigo! ¡no me 0l"vides!"; mirarl&, en fin, esposo de o– tra,, accLS0 de su mü,m,1, hermana, y te– ner que ahogar un% pasion inmensa en un corazon pequeúo, y recoger un mar ele lá.grimas bajo la sonris~ indispensable en el festill de la boda? ¿Con qué razon pedimos virtud? Para pedir imposibles no hacen fal– ta razones. Si la mujer pidiera otro tanto, seria iniquidad. Pero lo pide el hombre, y es justicia. CR0N ICA DEL B0SF0RO. POR l\lERY (Continuacion.) bnrnas obras? Yo he leido en los libros sagrados estas bellas palabras: . ''Ilnminad á los qui marchan en ti– nieLlas." 1 ! 1 N osotrns seguimos este precepto, y esta luz destinada á socorrer á lo~ des– graci:ulo8 sirve de guia á los bandoleros ' y los trae á nm'strn casa! La desolada madre recordaba las hor- 1 rihles narraciones contadas en las vl'la– cl~is de las calrn.ñas del Archipiélago ve– c1110. Ella se estremecia el recordar qne muchas jóvenes ha.bian sido arreLatadas j por los pirntas do Páros, de Oérigo y de Candia, y qne sns madres no habian 1 vuelto á verlas, ya porque las víctimas hu- I biesen muerto en las grutas de las mon- :I tañas, ó bic>n porque eran vendidas á los proveedores de los harens do la Cirenai– ca. H11br1 na instante en qne la madre de ¡I Dionisia dejó de ser cristiana. En ese -1 insti-l.nte de heroismo profano, mirú á su II hija, dirigió la vista á un puñal colga- ~. ,l,> en la pared, y dudando de la Provi– dencia, pensó en la ejecncion de dos cri- \¡ nwne~, qno no debian dejar sino dos ca– dáverts á los bn,nclidos. Pero la R~ligion triunfó! Irme pi– lliú penfon á Dios por haber dudado un momento <le su Lonc.lad; S(' arrodilló y agrn-ir.1<'> con sata resignacion los desig– nios de la Providencia. rrrcs golpes que sonaron en la pncr– ta de la Torre hicieron estremecer á Irc>– ne y le inspiraron nna. rcsnlucion digna -ele una madre y de una alma cristiana. Irene despertó á, su hija. y le dijo '¡ en voz baja. -No hagas ningun'-<'1 gl)jecion á lo que voy á ordenarte: oLedec.e á tu madre, levántate. Dionisia se levantó . sin proferir una palabra.; su madre le cubrió con su manto palilcare, y tomándola de lama– no la condujo {¡, un cuartito contiguo á 1a torre, qne pan~cía como suspendido de una cornisa salié•nte. Allí entre otros objetos, babia mu- Pero los malos espiritas terrestres chas relíquias, casi destruidas ya por la no huyen á esta señal. Los piratas se acer- accion <le cinco siglos. E~e fué el asilo que caron á la puerta <le 1:t torre como pa- Irene eligió parn su hija. rn averi<rnar si m;taba Gieu ú rnaJ cerra- -Hija rnia. le díjo, Dios te habla por cla; la ~aminaron con nna minncio:::;ida,i mi boc,L; ~iq ní permanecerás hasta 1a sa– m ny sospechosa, comur1 id,ndose en voz lida. del sol; llegn,clo el dia. saldrás para baja sus ideas corno sitia.dores que me- ir dornle la Providencia te conduzca. 1 \, clitan nn asalto. Dicho esto, la madre besó tiernamen- Viendo todos estos preparativos, la te á sn hij;.1. y bajó con paso firme la es- : pobre madre se alPjó de la ventana, tem- ca.lera de la torre. blando de rniedc,; ~e sentú a1 fa.do dfl la Dos piratas. habíhn to€a<11o por se- camft de sn hija, y dirigió a l cie lo sus gnnda vez la puerta; pero con modera- , oraciones. cion, como gentes. que temen despertar Dionisia dormía bajo ]as alas de_] an- con sobresalto á .personaR delicadas. Ire– gcl ele sn guarda, y su ·madre no se atre- ne la, hbrió y se presentó, con valor á l9s vía á interrumpir ese sueño inocente y bandidos. . tranquilo, que trae á la irnagi _nacion de Sn última deprecacion ~staba ya, he- las vírgenes visiones del Paraiso. cha, como qui~n se pr&para para recibir -Co1no es posible, se decia Irene: que la muerte. nna accion de ca.rida,l nos haya procura- -Perdona, nuestra visita á semcjan~es ¡' do tan ··horril,le.3 pelig1:o·s! 'Dios.mio! ¿Se- horas, dijo un hombre que parecía ser el ni esta vuestra ·recoriipensa. por nuestras !jefe de la cuadrilla; noso~ros somos gen- , 1 · ·,. ····• •.·. 1 • ~ ') ·,

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