El Recreo

~ EL RECREO 121 @,¡?( ti~ó=d=i=s1=)t=1=es=t=a=á=b=a=ja=r=·=a=l=p=ié=d=e=l=a= t=o=r=e==te=s=s=o=b=r=e=u=n=e=s=c=o=ll=o=y=d=i=s=p=u=e=st=a= á=.=a=l=z=a=r ~ s=a=b=io=s=.=A~g1=·a=d=e=z=c=a=m=os=s=ie=m=p=re=l=o=qu=e=s=a- \\ adonde la llevaba una curiosidad natu- el vuelo al menor peligro. -hemos á quienes lo descubrieron, casi ral; pues para las dos mujeres no se Irene hizo la señal de la cruz, co- siempre á costa de su fortuna, y muchas 1 t rataba sino del hallazgo de un tesoro. mo si hubiera divisado un ejército de veces con peligro de su vida: hombres '¡· Apoyada en el brazo de Dioniosia, demonios, modestos y tranquilos que pasan años y Irene bajó pues, á la playa, y vió con [Continuará] años pesando polvitos, templando plan- sus propios ojos el milagro de la noche cha,s de cobre en cierta agua picante, anterior, el regalo del cielo. viendo pasar por tubos de cristal burbu- Un pensamiento de noble avaricia HISTORIA jas de aire tan peligrosas á veces como la indujo á ocultar el tesoro con gran. un cañonazo; raspando huesos, cortan- cuidado en las entraúas ele la tierra, co- DE do en cuatro una:s pajillas más chicas mo sí los odres contuviesen oro puro. C DO DE PAN que la cabeza de un alfiler; ó enfin, con- Una nueva sorpresa esperaba aún á las dos mujeres. Cuando la madre sol– tó el nudo principal que Hnia los odres de aceite, tropezó con una pequeña bol– sa de cuero que contenia algunas mo– nedas de plata. Este accesorio hizo creer á las dos mujeres que el bienhechor era un ser humano. La mano de un generoso descono– cido se ocultaba bajo el misterio de la buena obra. Uno tiene que guardar lo que no puede devolver. Las exigencias de la necesidad obli– gan, aun á los desgraciados, á servirse del dinero cuya restitucion es imposible verificar. Irene y Dionisia hicieron lo umco que esta,ba en sus facultades hacer en seme– jantes circunstancias, y fué rogar á Dios que- saldase su deuda, recompensando pródigamente al bienhechor. Por la noche á pesar de los proyec– tos de economía, el faro despidió sobre los escollos vecinos una claridad tan po– co comun que excitó una viva admira– cion entre los pescadores que atravesa– ban el Bósforo en sus barcas. Este lujo de luz pareció al princi– pio de difícil éxplicacion; pero los agra– ciados se aeostumbraron á él, como los ingratos que se habitúan á disfrutar de los beneficios del sol sin pensar en su Criador. La ambicion de Dionisia. al fin se colmó: su faro eclipsaba el de Mitylene. Las legítimas ambiciones se satisfa– cen algunas veces. Una noche despertó Irene sob1·esal– tacla al oir voces confusas que llegaban al pie de la torre; se levantó sin hacer el menor ruido para no despertar á su hija, y se acercó á la v~~tana para ver ele que clase eran los visitantes que aca– baban de desembarcar en su pequeño dominio. El faro despedía ana luz v1v1S1ma, y lo que Irene vió no tenia nada de ha- lagüeño. . . / Al primer golpe de v1Bta descubr10 una banda de pirafas del . Archipiélago. Estaban desnudos basta la cintura y ar– mados hasta los clientes. Su pequeña goleta amarrada á las araollas del desembarcadero, no babia re~oaido sus velas, y se asemejaba á una ~ ave 0 de rapiña detenida algunos instan- ~ ., UN BO A 1 • sumiendo la vista mirando por uno.san- Conversa,ciones sobre Fisiología con una señorita. Abreviado del frances ele JUAN MACE. 5.ª CONVERSACION. Los clientes. Algo tenemos conversado ya sobre los dientes, pero estos sujetos dan todavía mu– cho más que decir. Al comer es justo y debido acordarnos– de esa pobre sangre que tiene tanto que hacer, y á quien tantos obreros estén pi diendo constantemente divel'sos materia– les y ele buena calida,d. Dulces son los caramelos, y sabrosas las mantecadas y otros bizcochos, pero eso no basta para edificarnos por den– tro: y cuando los niüos ponen la sopa á un lado y pasan la carne por alto parn llegar más pronto á los postres, hacen lo mismo que un hombre que al cons– truir su casa enviase á sus trabajadores bizcochuelos en vez de vigas, y cuadrados ele pan en vez de ladrillos. Lo que tu mamá te manda tomar, buen caldo ó so– pa, y buena carne, es precisamente lo que la sangre está pidiendo para sus o– peraciones; pero ahora que sabes la ra– zon del mandato, te será más agradable obedecerlo. Conócete á tl mismo, dijo hace dos mil doscientos años el gran filósofo Sócrates, y enseñaba esa máxima á sus disípnlos co– mo el primero ele sus preceptos. Y mira los buenos resultados de conocerse uno á sí mismo: confiesa que desde el momento en que te he explicado la leche, ya sientes más ternura por tu madre y por tu ama. El estudio y la verdadera ciencia nos ha-· cen mejores y mas felices. Los que, siendo tu niúa, tratan de ins– truirte, son tambien una especie ele no– drizas que te dan en una forma muy fá– cil de entender, ó de digerir por la inte– ligencia, lo mas puro c1e su propia ü1- teligencia y de su corazon. Te d_an su cien– cia convertida en leche para el alma; su alma misma entra en la tuya, y es muy justo recompensar con cariño y es– timacion á esas nodrizas y á los maestros de éstas, á esos hombres sabioR que han investigado y nos han enseñado todo lo que sabemos. Nada mas fácil que enseñar que hay cal y fósforo en la sangre; tú lo has aprendido en cinco minutos, y sin– embargo, sabe que para descubrir es.a– ban sino precisos mil y miltrnhajos, y ge' neraciones enteras de observadores y de teojos de 32 lentes al extremo de los cuales parece que no hay nada que ob– servar. Al verlos trabaja1· en lo que ellos llaman sus laboratorios, la gente los to– ma por locos, pero llega dia en que sa– bemos que de esa manera han cambiado el haz de la tierra, causando revolucio– nes a11te las cuales los reyes inclinan la cabeza; hn,n enriquecido á los pueblos en cente1rnres de millones de pesos, reve– lado á la humanidad leyes del buen Dios que to<los ignorábamos, y en fin, que han dru1o á los amigos de los niños algun rn.10vo medio de instruirlos y divertirlos á :L 1 ez con útiles decubrimientos. Pero volvamos á los dient-es: dijimos ya que éllos son los encargados de arreglar la figllra ele cuantos se pres.entan, sin em– bargo, el arreglo ó tocado q_ue les hacen no le convendrían á todo el mundo: con– sisto en picarlos y molerlos hasta redu– cidos á unn, espeei<... ele pasta muy blanda. Pa,ra hacer mejor la operacion se han r epartido los papeles: unos dientes cor– tü,n, otros muelen. Los primeros son esos dientes planos que ocupan la parte del frente de las mandíbulas, exactamente debajo de la nariz. Tócalos con el dedo y observarás que rematan en un filo cOl'tante como de cuchillos; por esto se les llama inci– sivos, de la voz latina incidere que sig– nifica cortar. Con esos es con los que las niñas perezosas cortan el hilo po r no b us– car la tijera; mala costumbre; pu.ea log dientes se gastan mucho frotandolos uno con otro, y diente gastado no se repone jamas. Los se-gundos son los colniillos, esos dien– t es puntiagudos que siguien á los inci– sivos, y que hacen de tenedores si los in– cisiYos son los cuchillos. Sirven para cbvar ó asegurar en lo que lia de des– garrarse y se les llama tambien caninos (ele canis, perro) por el mucho, uso que ele ellos hacen los perros para desgarrar la carne. Ellos ponen la mano encima, entierran 108 cu,ninos, y arrancan el peda– zo, echa.nd.o la cabeza ele un lado ó de otro. L os últimos, q1-:.e están al fomlo ele la boca, se lla,mr.n dientes molares, ó simplemente rnuelas' de mola en latin. Las mtHalas hacen lo mismo que la pie– dra del molinero, moler cuanto cae de– bajo de ellas, Remata en planos cua– .draclos con cierfas desigualdades ó aspe– rezas que a,yudan en la operacion, Esos son los dientes más grandes y mas fuertes, con los que los perezosos rompen las nueces por que prefieren correr el riesgo 1 1 . - ~ ~\

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