El Recreo

AÑO 1.. Cuzco, Sábado .15 de Julio de 1876. Confidencias .-El TesCNo ele los Incas. - Llu,vú1, ele perlas.- ¡Beba, pad1·e, qu e le ní la vida.' (Tradicion.)- Los Jueces. -La pcu·ticla.- El dinero.-Jj}l Cadaucr ' y el Desengc1,i'í,o.- Conferencias sobre la, Historia.- Crónica del B ósf oro.-Apun– taciones sobre el lenguc~je.-I-Iisto1·ia ele i t,n uoaiclo ele pan..- El Porvenir.-l.Yloscúco. CONFIDENCIAS. Á MI QUERIDAr AMIGA DE C0R.AZON FELÍCTAS V. DE CASTRO. I. Habeis disfrutado, amiga rnia,de una de e¡;as noches de luna que nos encuen– tran so1imrias y meclitabnnda.s? _¡ohJ qué grandioso misterio encierra una no– che de luun. para un:-1 mnjer pensativa y triste, q ne alz·"-t sus ojos hasta e] cielo velados por una lágrima, y que quisie ra penetrar hsta t-'] rnnhmrio de lo des– conoci<lo, llegar .al trono del Hacedor, y decirle con tuda la. d't1si1m de un cora– zon amoroso: gracias, Señor, por haber– me dado una alma capaz clt' conocerte , y de anrnrte; grncias ·por habernos in– dicado Pl camino qn e c·~ nrlnu<: á tn po– S(~t-ion, qne eB la. cliuha derna . Si e1 Universo predica tu Ornn1pot.cncia, el hom bn~, tn crÜLtura pri vii t 1 gi:-..,da, p1:ego~ na tu Burnln.d. IL ¿ Habcifl disfru:tu.~lo .(le una de esas no- che~ de luna silenciosas :y melancólicas, con esa melancolía <l u lee que arranca al cornzon un tierno sus;iro, que des- 1 izá.ndrn;e suavemente vá recorriendo pra– d eras, ntlles y montañas, bl.lSpiro ¡ay! <] ue explica una sola palabra. ¡ Amor! ¿l á la sombra de la luna no repi– ten \'trntros bbimi esas pa1abras de rna– gi,1., alm,L de nuestra alma: amor? l:,í q uc.i:i<la inia, el amor es el a1ma de la mujer: amar es casi su único des– tino <~11 la v.iüa... E l amor divino pa– .ra i:;ot'l ten de su de lJ ilida<l, el .aiuor hu– mano para cunsm-do de sus penas, he– ren1 ·ia única dt~ la, madre com1m. Nusotrai:; q ne lle:vamos el sagn1.do nom– .bre <le espo~af{, rJQsotras q ne tenem os en nuestras rmu1us el mas vi-dioso y de iica– do tesoro que se llama "honra · u.el ma– rido", ¿ füJ <"S cierto q ne pensm no s q ne no hay para d corr.zon una dicha. ign– .al á la del a.mor pnro, santo y sublime, .que solo existe en la viJ.a de d@s seres que se arn::i.n, y que en la in.timidad con– yugal pronuncian con frecuencia el dul– ce-Amada mia.-Esposo y sosten mio.? ¿No es cierto, amiga mia, que 1a flor sin cu1ti vo crece agreste y fr:ígi l, y qne el frnto ingertado por la hál>il mano del hombre es sazonado y agrada u le? ¡ Con cuAnta mas razon debe ser cier– to q ne la sagrada nnion que el Hacedor del U ni verso estableció para el bien de la humanidad, es el Ifü1.s perfecto Je los ingntos .de 1a crPacion! Cuánta razon no tenemos nosotras 11a– ra decir que 1a mujer, flor del paraíso terreno., necesi~.a de los cuida.dos y ael ar mor ,del .varon pa1:a cn~cer hermosa y .ro– ·bust.a! $a.l>eis1.0, s.í amiga .del al rna , y fambien comprendeis que siendo nosotras el corazon, es decir lo mas intimo que 00 .Núm. .12 el varon posee, debemos .s~r -el c~nti10 de la virtud: debemo3 ser flores purísi– mas, cuyo perfume exhale la sana .mo– ral, para embriagar con su -deleitoso aro– ma .al compañero de la vida, y satisfa– cer sus imperfecciones!! Mi voz es lángida para hablar á la que es modelo de ias esposas, .Y mis pen– samientos van envol viénd~se .en esa es– pec:e de descuido melancólico, fruto in– mediato de .la desgracia. Ah! sabeis .a– miga, cuántas .amarguras hé apurado! ... Te hablo Cün el corazon, por q ne .mis confidencias son .á la hermana. III. Cuando .la reina de .la .noche .recorre .su azulado camino con la mi-sma calma, la misma ma.gestad, y e1 mismo brillo •.que Dios le diera al formarla, fijémonos, me– di ternos y comparemos nuestra t-'XÍstencia con fa, de .ese plateado astro que ,alum– l>rc'I. las tinieblas de 1a, tierra1 Sigamos tambien nuestro camino, e1 que la virtud nos señaló al darnos el .dulcísimo nombre de esposas. Conser– vemos esa h ermosura del corazon que se llama la pureza, ,como es hermosa :y pura la luna con su brillante y blan– ca luz. Veamos como leves nubes ofuscan e1 brillo <l.el astrn de ph1,ta, pero que lue– go torn a, m as relumhrante, 11 no .de ma– gestad: ah! las nubes no empaúan la blan– cura c1e la luna, ni la voz ele la mal.e– clisen cia el brillo d.e la v.e.rd.adura virtud! Y cuando hayamos focaclo el fin de hn eaca.broso .camino ele la vida, los hombres nos harán justícia y dejaremos tras nosotras .una sombra que venerará nuestra memoria. Mas allá de ln. tumba... la fé nos dice lo que aguarda á las perso-

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