El Perú y la Primera Guerra Mundial

Señores ministros de los países aliados y de Estados Unidos: […] Bien conocéis los sentimientos que abriga el Perú para con vuestros respectivos países, y bien sabéis, igualmente, señores ministros, cuán profundamente arraigados se encuentran en el espíritu de la nación peruana los elevados ideales cuyo triunfo acaban de obtener vuestros gobiernos, a expensas de esfuerzos y de sacrificios solo comparables con la magnitud de los fines alcanzados, que abren amplios horizontes de bienestar a la humanidad entera. Así os explicaréis el intenso calor y franca espontaneidad de las manifestaciones que todas las clases sociales os han tributado al conocer vuestra gran victoria y cuyos ecos os ruego hagáis llegar a los videntes estadistas, a los grandes jefes, a los heroicos soldados de la libertad y de la justicia, […]. Señores: Os invito a brindar por los soberanos y jefes de Estado de las naciones aliadas, por el Presidente Wilson, que con admirable previsión señaló los beneficios que la humanidad debe reportar de esta guerra, por sus dignos representantes en Lima y por los presidentes de sus instituciones establecidas entre nosotros (De Lavalle, 1919, pp. 191-192). Ruffilio Agnoli, ministro de Italia, como el representante diplomático más antiguo de los países aliados acreditados ante el gobierno del Perú, contestó el discurso del presidente de la República, en los siguientes términos: Señor Presidente de la República: Cábeme el alto honor de expresar á Vuestra Excelencia el vivo agradecimiento de los representantes diplomáticos, ante vuestro gobierno, […]. Al cumplir tan grato deber, me complazco y me honro en recordar cómo el Perú, con noble arranque, reflejante de la rectitud de sus tradiciones, interrumpió sus relaciones con el gobierno del más poderoso de nuestros enemigos, cuando el éxito de la titánica lucha era aún incierto, e hizo acto de incondicional adhesión a los principios por cuyo triunfo se combatía, principios que el ilustre presidente de los Estados Unidos proclamaba al mundo entero, admirado, en sus mensajes. Y que la actitud que el gobierno de Vuestra Excelencia y el Congreso del Perú asumieron, en buena hora, estuvo al unísono con los sentimientos de la nación cuyos destinos regís, Señor Presidente, lo han demostrado las vibrantes manifestaciones de estos días, en las que participaron con calor y con unánime espontaneidad todas las clases sociales, llenas de júbilo por nuestra victoria, que consideraron como victoria de la causa de la humanidad. El nuevo horizonte que se abre es de fraternidad y de justicia entre pueblos libres […] (De Lavalle, 1919, pp. 192-194). 74

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