El Perú y la Primera Guerra Mundial

forma más completa y sutil de hacer historia. A la vez, se trata de una historia frustrante, que cuestiona las premisas que se han ido incorporando en el imaginario colectivo sin ofrecer a cambio un paradigma explicativo, y de una historia cuestionadora, que busca las grietas en la coherencia interna de los discursos recibidos. Es pertinente repasar los principales hallazgos de la historiografía sobre la Gran Guerra. En primer lugar, la constatación de que Serbia no accedió a todos los términos del ultimátum austriaco porque le era política y prácticamente imposible hacerlo. En segundo lugar, el gobierno austriaco buscaba una guerra localizada. Al proseguir con ese curso de acción, acercó al continente a la eventualidad de una guerra general, que dependería de la reacción rusa a un ataque austriaco sobre Serbia. Tercero, cuando el gobierno serbio aceptó todas las condiciones del ultimátum austriaco, excepto la investigación conjunta, el apoyo alemán, el «cheque en blanco», hizo posible que Viena asumiera el riesgo de la guerra continental. Cuarto, Rusia no contempló las consecuencias de sus movilizaciones en el gobierno de Alemania, lo cual coadyuvó a hacer todavía más tensa la coyuntura. Este es el principal argumento de quienes asignan responsabilidad a San Petersburgo por no distender la situación. Quinto, Alemania mantuvo planes de guerra muy rígidos, que incorporaban medidas muy rápidas y agresivas que le restaron capacidad de maniobra diplomática. De hecho, estaban diseñados para operar de ese modo. Por ello, Berlín confió en esperar la posición de Inglaterra para decidir su grado de participación en una eventual guerra. Sexto, la demora inglesa, provocada por la información incompleta y los procedimientos de toma de decisiones propios de una democracia parlamentaria, dejó pasar la oportunidad de contener a Alemania o, al menos, de hacer más acotada la guerra. Siguiendo a Clark, lo más sorprendente de la Gran Guerra cien años después es a la vez su antigüedad y su modernidad. Se trataba de un mundo organizado políticamente en monarquías hereditarias, con rituales elaborados y uniformes complejos, con sombreros con plumas de avestruz y pensamientos y motivaciones ajenos a los del siglo XXI. Sin embargo, la guerra se inició con un escuadrón suicida y una caravana de automóviles, con una organización terrorista nacionalista basada en un culto de sacrificio, muerte y venganza que operaba en células desagregadas en varios Estados y territorios, con vínculos escondidos con un gobierno que la financiaba y sin rendirle cuentas a nadie. Así, 1914 es más cercano a 47

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