La fuerza que tomarán los nacionalismos, con la autodeterminación como uno de sus reflejos, es considerada también una consecuencia importante de la Primera Guerra Mundial. Los acuerdos del fin de la Gran Guerra desplazaron la ideología conservadora del siglo XIX, «la ideología del imperialismo comenzó a verse amenazada por el principio de libre determinación, aunque este se vio distorsionado en el Sistema de Mandatos» (Alcalde, 2014, p. 31). El principio de autodeterminación de los pueblos, que debía ser consagrado y garantizado por la Sociedad de Naciones, era una de las nociones prioritarias sobre la que debía organizarse la nueva vida internacional. Del aquel se derivarían el impulso a la descolonización y la reconstrucción del mapa europeo atendiendo al problema de las nacionalidades. Al final de la guerra este tema se refleja en el caso de las minorías en Europa central y oriental y en la península balcánica, junto a otras prioridades como la independencia de Bélgica (Neila Hernández, 2001, p. 207). Otra consecuencia de la posguerra fue la percepción del avance de la democracia ya que fueron las democracias occidentales las que salieron victoriosas en este conflicto. La promoción de la democracia impulsada en la propuesta de Wilson repercute en la adopción por muchos de los nuevos Estados de esta forma de gobierno, con constituciones altamente democráticas como fue el caso de la República de Weimar. Esta posición se respalda en el pensamiento idealista que presupone una armonía de intereses entre los actores y que si bien la paz no es una condición natural, ella se puede construir en este caso a través del establecimiento de una organización internacional que regule las relaciones internacionales. El fracaso de la Sociedad de Naciones en los años treinta, acompañado de las olas democráticas que se dieron en el periodo entre guerras, con el avance del fascismo, nazismo y comunismo, hizo que esta posición se debilite y vuelvan a tener vigencia las visiones basadas en intereses en términos de poder. Como señala Samuel Huntington, «el desarrollo político dominante en los años de la posguerra se fue alejando de la democracia, y en el retorno de formas tradicionales de gobierno autoritario o la introducción de nuevas formas de totalitarismo, basadas en las más brutales e incisivas» (1995, p. 29). Recordemos que en el periodo entre guerras algunos nuevos actores surgidos del fin del antiguo régimen instalan sistemas comunistas, nazistas o fascistas. 165
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