La URSS manifestó su intención de exportar su revolución y había el temor de las potencias occidentales al respecto, pero si bien la movilización social y política fue intensa en Europa hasta 1921 y la última acción se produjo en Alemania —la fracasada insurrección de los comunistas en 1923—, no hubo una revolución que siguiera los pasos del Octubre Rojo. La crisis de la sociedad burguesa, en lugar de fortalecer a la izquierda, gestó un terreno propicio para el surgimiento del fascismo (Béjar, 2011, p. 93). En diciembre de 1922, Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia (formada a su vez por Georgia, Armenia y Azerbaiyán) constituyen la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que ejercerá un papel protagónico en los años sucesivos en términos de relaciones internacionales, particularmente en la denominada Guerra Fría. 5. EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Con el ingreso de EE.UU. a la guerra, la Entente se vio fortalecida en un momento en que se daba la crisis rusa, y recibió importantes refuerzos financieros, lo cual fue determinante en la evolución del conflicto, junto con el papel de la potencia americana en el siglo XX. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, EE.UU. es el actor que aparece más favorecido al ingresar a las grandes ligas de la arena internacional en una posición privilegiada que se va consolidando a lo largo del siglo XX, hasta llegar a su clímax luego de la Segunda Guerra Mundial. A principios del siglo XX, EE.UU. ya era el primer productor mundial de petróleo; sus minas de carbón generaban 455 millones de toneladas, con lo cual superaba a Inglaterra (292) y a Alemania (277); su producción de hierro colado superaba a la de Alemania, Gran Bretaña y Francia juntas; la de acero era equivalente a la del conjunto de estos tres países y Rusia; y el consumo de energía de fuentes modernas excedía también con creces al de todos ellos juntos. Era la primera potencia industrial, con un 38 % de toda la producción del mundo, mientras que sus 377 dólares de la renta per cápita sobrepasaban con mucho los 244 de Gran Bretaña, los 184 de Alemania y los 153 de Francia, que le seguían en el ranking (De la Torre Gómez, 2001, p. 157). En términos militares, su marina de guerra era la tercera del mundo, tras la británica y la alemana, pero sus fuerzas militares eran mínimas y los gastos de defensa representaban menos del 1 % del producto interior bruto (De la Torre Gómez, 2001, p. 159). 162
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